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27.04.2021

En el norte de Brasil, reina el “Kit-COVID”. Este cóctel de medicamentos ha sido promovido como una panacea por las autoridades brasileñas desde el comienzo de la pandemia e incluye hidroxicloroquina (un medicamento contra la malaria), ivermectina (un antiparasitario), y algunos antibióticos. 

Si bien los estudios clínicos no han demostrado su eficacia para prevenir o tratar la COVID-19, quienes toman los medicamentos de este kit tienen una falsa sensación de seguridad, creen que están protegidos del virus. Esto no solo puede llevar a comportamientos de riesgo como ignorar el distanciamiento físico, sino que cuando estos pacientes enferman de COVID-19, tienden a llegar tarde a los centros de salud, a menudo ya en condiciones graves o críticas.

Jamila Costa es una enfermera que trabaja como parte de un equipo de MSF que apoya la respuesta local al COVID-19 en Porto Velho, la capital de Rondonia, en el norte de Brasil.

“Aquí en el estado de Rondonia la gran mayoría de pacientes que requieren atención médica debido a la COVID-19 han tomado el “Kit-COVID”. El año pasado, cuando trabajé con pacientes de COVID-19 en las afueras de São Paulo, no era común ver a personas tomando esos medicamentos, pero aquí en el norte de Brasil su uso parece estar muy extendido.

Día tras día, vemos una gran vulnerabilidad y miedo, mezclados con una gran cantidad de información falsa sobre la enfermedad. Al combinar estos factores, las personas creen que estos medicamentos les brindarán algo de la tan necesaria protección que quieren. Las personas que toman el “kit COVID” creen que reducirá sus posibilidades de contraer la enfermedad. Y creen que si se contagian, los medicamentos evitarán que la enfermedad evolucione a una condición grave o crítica.

No hay pautas claras por parte de las autoridades, así que el personal médico puede recetar estos medicamentos. A veces es el propio paciente quien toma la iniciativa y pide al médico los medicamentos. Incluso si el médico se niega a recetarlos, algunos de los medicamentos se pueden obtener fácilmente en casi cualquier farmacia. “Todavía no me han vacunado, pero estoy tomando los medicamentos del kit”, es una frase que escuchamos una y otra vez como si los medicamentos proporcionaran algún tipo de inmunidad.

El hecho de que estén fácilmente disponibles, y la forma en que se difunden ampliamente con la ayuda de información falsa, conduce a comportamientos muy peligrosos que vemos todos los días. Algunas personas dicen que están tomando dosis más altas de las prescritas y por un periodo más largo, creyendo que de esta manera están protegidas contra las nuevas variantes del virus. Hay padres que se los regalan a sus hijos pequeños. Vi a una madre con un niño, que parecía tener unos cuatro años, esperando una cita no relacionada con COVID-19, en una unidad de atención de emergencia.

“Los niños no tienen ningún síntoma cuando están contagiados, por eso es mejor dárselos para que no tengan nada que propagar”, me dijo.

Cuando nos encontramos con situaciones como esa, tratamos de ofrecer nuestra asesoría, demostrando que las únicas medidas preventivas efectivas para no contraer la COVID-19 son el lavado frecuente de manos, el distanciamiento físico y el uso de mascarillas.

Tuvimos una familia entera que se enfermó cuando tomaba el “Kit-COVID”. La madre y el padre fueron ingresados en una unidad de atención de emergencia y estaban acostados uno al lado del otro. Su hijo era la persona que les llevaba las comidas a sus padres todos los días, a pesar de que él también había dado positivo por COVID-19. Estas unidades de atención de emergencia no son hospitales como tal, pero se utilizan para aliviar la carga del sistema que está sobrepasado actualmente. La mayoría de estas unidades no tienen la estructura necesaria para proporcionar comidas o distribuirlas a los y las pacientes. Alimentar a los y las pacientes debe ser parte de la labor del personal de enfermería, pero la cruel realidad es que no hay suficientes recursos humanos. Por lo tanto, un integrante de la familia generalmente asume la responsabilidad, con un riesgo significativo para sí mismo.

“Todos tomamos estos medicamentos y yo estoy en muy mal estado. ¡Son inútiles!”, razonaba el padre, que tenía una enfermedad cardiaca preexistente, durante una de las visitas de su hijo. “Debido a mis problemas de salud, mi salud ha empeorado aún más”. Unos días después, tuvo que ser intubado y murió. Su esposa e hijo se recuperaron.

El hecho de que toda una familia, que había estado tomando el “Kit-COVID se enfermara, y que uno de sus integrantes muriera, fue una llamada de atención para algunos de los otros pacientes. Es realmente triste, pero parece que sólo cuando un paciente está intubado o muere, sus familiares se dan cuenta de que este llamado “tratamiento preventivo” no es efectivo.

Sin embargo, aún con toda esta tristeza y estos desafíos, nuestro deber es seguir trabajando cada día para que las medidas preventivas que realmente funcionan contra la enfermedad, como el lavado de manos, el uso mascarillas y el distanciamiento físico, se entiendan y se practiquen en la comunidad".