08.06.2018

Más de la mitad de la población de Idlib, de aproximadamente dos millones de personas, se encuentra desplazada. La llegada de 80,000 personas más en los últimos dos meses complica cada vez más la capacidad de la población local y de las organizaciones humanitarias para satisfacer sus necesidades

 

En los últimos siete años, una nueva cosecha ha crecido en los campos de Idlib, en el norte de Siria. Entre las colinas onduladas y las cosechas de olivo, de la tierra han surgido tiendas de campaña para albergar a miles de sirios que huyen del conflicto. “Este es nuestro cuarto desplazamiento”, dice Suleiman, que originalmente proviene de la campiña del este de Hama. Relata cómo la guerra lo forzó a desplazarse de un lugar a otro antes de llegar –hace cuatro meses– a esta tienda blanca manchada de rojo por la tierra. Suleiman vive con su esposa y cuatro hijos: “Cuando llegamos por primera vez, algunas ONG nos ayudaron, pero ahora no ha habido nada durante tres meses“.

 

 

Más de la mitad de la población de Idlib, de aproximadamente dos millones de personas, se encuentra desplazada. La llegada de 80,000 personas más en los últimos dos meses desde el este de Guta, de las zonas rurales de Damasco y del norte de Homs, complican cada vez más la capacidad de la población local y de las organizaciones humanitarias para satisfacer sus necesidades. Mientras que algunas familias viven hacinadas en alojamientos alquilados, muchas otras viven en campamentos, algunos de los cuales carecen de servicios básicos. “Somos 135 familias instaladas aquí en el campamento”, menciona Abu Ahmad, quien vive en un campo cerca de Atmeh. “Solo hay seis o siete baños para todos nosotros. Tenemos que esperar media hora para usarlos, y no están limpios “.

 

En vista de estas grandes necesidades, MSF ha intensificado sus esfuerzos para llevar atención médica a pacientes difíciles de alcanzar y desatendidos. “Hemos añadido tres clínicas móviles de emergencia a las dos que ya estaban operando en estos campamentos “, menciona Hassan Boucenine, jefe de misión de MSF para el noroeste de Siria.

“Estas personas viven en campamentos sobrepoblados, ubicados en un área pequeña, y ya han vivido años de guerra. Hacemos nuestro mejor esfuerzo para brindar atención en lugares donde no es nada fácil consultar a un médico o pagar atención médica privada “.

 

Además de las clínicas móviles, MSF administra dos hospitales en esta parte del noroeste de Siria, apoya a otros 14 hospitales y centros de salud, administra dos clínicas para enfermedades no transmisibles y realiza campañas de vacunación o apoya a cuatro equipos de vacunación, incorporados a otras actividades.

 

“Como médicos, tenemos el deber de permanecer aquí y ayudar a todos, a las personas afectadas por el desplazamiento “, dice el Dr. Mohammed Yacoub, líder del equipo de MSF en una de las clínicas móviles. “Al principio, nuestro trabajo consistía principalmente en atender enfermedades de rutina: bronquitis, infecciones de garganta o diarreas, pero recientemente muchos desplazados han llegado de diferentes partes del país, por lo cual, muchas enfermedades infecciosas se han propagado entre ellos debido a la sobrepoblación “.

 

Un destino incierto

 

Durante el último año, muchos de los puntos clave restantes del territorio controlado por la oposición en Siria han sido parcialmente evacuados, como resultado de acuerdos que terminaron con el enfrentamiento con el gobierno sirio. Si bien cada acuerdo de ‘reconciliación’ ha sido diferente, todos han provocado que muchos civiles abandonen sus hogares y se desplacen a nuevas áreas, al mismo tiempo que los combatientes negocian el paso seguro en convoyes.

 

Estas personas, así como aquellos que huyeron de áreas en el sur de Idlib, han conformado las olas más recientes de llegadas a Idlib, un área donde la gente ha buscado refugio durante años.

 

“Algunos aviones vinieron y bombardearon nuestro pueblo, perdí mi brazo, como pueden ver “, dice Safwan mientras hace un gesto hacia el muñón donde solía estar su brazo derecho. “El régimen bombardeó nuestra aldea de nuevo, así que nos mudamos aquí, a las montañas. Una ONG nos dio carpas y hemos vivido en ellas durante tres, casi cuatro años “.

 

Idlib no es de ninguna manera un refugio seguro. El conflicto activo continúa entre la coalición liderada por el gobierno y los grupos armados no estatales en los alrededores del área, y los bombardeos de la coalición dirigida por Siria persisten, incluso en las áreas más profundas fuera del control del gobierno. Las complejas relaciones entre los grupos armados en Idlib también pueden estar detrás de oleadas de asesinatos en los últimos meses.

 

El desplazamiento de las personas no ha marcado el fin de su sufrimiento, por lo tanto, sus difíciles condiciones de vida aumentan las preocupaciones sobre la seguridad.

 

 

Escapando bajo fuego

 

Yasir huyó de Hama con su esposa, 12 hijos, su nuera y su nieto. “El día que nos fuimos”, recuerda, “salimos por la noche y nos bombardearon. Había puesto todas las provisiones para mis hijos y ropa en el auto, pero ahora todo se ha ido, nos lo han robado. Nos quedamos sin nada, tomamos a nuestros hijos y corrimos “.

 

Él y muchos otros casos semejantes llegaron a los campos prácticamente con las manos vacías. “Solo tengo esta camiseta que llevo puesta “, dice Yasir. Actualmente, están viviendo en tiendas que están expuestas al cruel frío del invierno y al calor feroz del verano. La falta de saneamiento significa que el drenaje abierto corre por la calle en algunos campamentos, y los residentes se quejan de la gran cantidad de insectos que nacen en sus tiendas.

 

“Huimos de fuertes bombardeos, caminamos desde la noche hasta la mañana “, dice Fawzia. “Sin comida, ni agua para beber, ni nada “. La situación a la que llegaron en los campamentos no ha sido mejor, dice ella. “No tenemos nada más que esta tienda. Una noche no pude respirar dentro de la tienda y pasé dos horas afuera tratando de respirar, somos catorce en la misma carpa “.

 

Las madres describen una lucha constante para encontrar comida para alimentar a sus hijos. El cuatro por ciento de los menores de cinco años atendidos en las clínicas móviles de MSF en los primeros meses de 2018, padecían malnutrición moderada, un número pequeño pero persistente. “Fui a una clínica privada para pedir leche, pero no me dieron. No podemos comprar nada “, dijo Fawzia.

 

Mientras el viento sopla polvo a través de las solapas de la tienda abierta, Fawzia demuestra cómo se ve obligada a lavar a cinco de sus hijos más pequeños con una pequeña cantidad de agua, sin productos de limpieza, y dice que le falta pañales.

 

Tratar a los desplazados de Idlib

 

En una de las clínicas móviles de MSF, tres camiones se unen para crear un espacio de sombra con una lona, y el equipo se pone a trabajar. Un oficial de datos registra los detalles de las personas que han recibido tratamiento, antes de que una enfermera tome las medidas de los pacientes. Un médico ve a los pacientes en el consultorio en uno de los camiones, una partera realiza consultas prenatales y postnatales, se aplican vacunas, mientras que un farmacéutico proporciona los medicamentos recetados.

 

“La exposición de las personas a los elementos, significa que las enfermedades respiratorias son las más numerosas en la clínica móvil en esta temporada “, dice la Dra. Sonja van Osch, Coordinadora Médica de MSF. “También tratamos enfermedades de la piel en grandes cantidades debido a las condiciones de vida, así como casos de diarrea debido a la falta de saneamiento “.

 

 

 

Las enfermedades no transmisibles, como la diabetes y la hipertensión, también constituyen una gran parte del trabajo de la clínica: estas enfermedades requieren seguimiento y tratamiento, que puede ser de difícil acceso para las personas desplazadas.

 

Dichos servicios, que se ofrecen sin costo, son aún más importantes en un momento en que todas las personas que viven en la zona (recién llegados y residentes) tienen problemas para acceder a los servicios de salud debido a la falta de médicos, precios elevados y falta de atención médica de calidad.

 

Muchas organizaciones trabajan para ayudar a las personas en Idlib, pero las necesidades no están cubiertas adecuadamente. Donde hay claros vacíos, MSF interviene para ayudar con sus clínicas móviles, a pesar del entorno inseguro. “A veces hay problemas de seguridad a los que están expuestos nuestros vehículos y algunas veces hay explosiones “, dice el Dr. Yacoub. A pesar de todas las dificultades, se enorgullece de su trabajo y reconoce la importancia de los servicios prestados por la clínica móvil. “Estamos dando algo a aquellos menos afortunados y aislados “, afirma.