31.07.2018

Egipto es un país clave de tránsito y destino para los migrantes procedentes de países de África y Oriente Medio. Muchos han sufrido enormes dificultades a lo largo de su viaje. Como Amadi y Faheema, dos de los cientos de pacientes que hemos tratado en nuestro Centro de Atención Integral en Maadi.

 

 

Amadi* es un joven etíope que vive en El Cairo. Testimonio recogido el 5/7/2018

"No podía trabajar debido a mi lesión y no recibí ninguna asistencia o apoyo. A menudo tenía pensamientos de suicidio. Me sentía solo, con dolor y sin fuerzas para seguir adelante con mi vida [...]. Sabía que no podía continuar en esa situación [...]. Finalmente me enteré de la existencia de MSF. Vine directamente y concerté una cita. Comencé el tratamiento y poco a poco sentí que había renacido. Hasta entonces, nadie sabía lo que me había sucedido. Le conté mi historia a la médica; ella me escuchó y entendió mi sufrimiento. Recibí tratamiento y luego me remitió al psicólogo y al fisioterapeuta. Supuestamente, tenía que operarme, pero me negué, por lo que mi fisioterapeuta me dio muchos ejercicios para ayudar a mejorar mi funcionalidad y reducir el dolor. [...]

Mi psicólogo trabajó en mis fortalezas y debilidades. Después de cuatro meses de tratamiento, mi vida había cambiado por completo. Pude volver a tomar las riendas de mi vida. Empoderado, me puse a buscar un trabajo y ahora estoy trabajando tratando de ayudar a los necesitados [...].  Los médicos me trataron y ahora yo también puedo ayudar a otros a través de mi trabajo. Este cambio en mi vida sucedió gracias a MSF. Gracias."

Faheema* es una joven sudanesa que vive en El Cairo, Egipto. Testimonio recogido el 5/7/2018

"Sentía que mi vida estaba en la oscuridad. Antes, no podía ni gestionar ni resolver los problemas. Era débil y ni siquiera podía lidiar con las interacciones sociales más simples. No quería tener ninguna relación personal. [...] Durante cinco meses sentí que me estaba asfixiando. Muchas veces deseaba ser invisible y a menudo libraba batallas internas: ¿Estoy en lo cierto o realmente hice algo mal? Estaba deprimida y me había dado por vencida. Todos estos sentimientos negativos cambiaron por completo con MSF.

Médicos Sin Fronteras me dio la fuerza para seguir adelante. Mi psicólogo se sentaba conmigo y en cada sesión hablábamos de hacer pequeños ajustes en mi vida diaria. Cada vez notaba que había mejorado un poco. Al principio, tenía miedo de hablar sobre mi pasado. No estaba preparada para recordar todo lo que me había pasado. Cuando comencé las sesiones, pensé: ¿Por qué no vine antes? Sentí como si hubiera acudido a alguien con toda mi carga, con todo mi sufrimiento dentro de una caja cerrada, pero finalmente empecé a relajarme. Después de cada sesión, comencé a abrirme y ya ansiaba ir a la próxima sesión. Mi médico me ayudó a recuperar la sensación de intimidad. Solía temer a la oscuridad y los ruidos en la oscuridad, pero ahora he recuperado la fortaleza y la confianza en mí misma.

Antes, no podía llorar. Ahora siento que estas lágrimas felices despejarán el camino que tengo enfrente. Mis lágrimas pueden caer porque siento la confianza. Me siento a salvo. En MSF sientes que estás en un espacio humano y sabes que te tratarán. He recuperado el control de mi vida. Ahora puedo decirle al mundo: si una persona no manifiesta lo que sucede en su interior, nadie puede ayudarla; no importa cuán malo sea lo que nos encontramos en la vida, siempre hay luz en el otro lado; y ese es el mensaje que intento transmitir a los niños en el centro cultural donde trabajo. Siento a cada uno de ellos como un hijo [...] Deseo que cada mujer tenga un hijo y espero poder adoptar yo uno [...] Estoy muy agradecida con MSF ".

* Los nombres se han cambiado para mantener la confidencialidad de los pacientes