16.01.2018
La Dra. Diana Wellby, ginecobstetra originaria de Perth, Australia, acaba de completar cinco misiones con Médicos Sin Fronteras. En entrevista, reflexiona sobre el papel de un obstetra en los proyectos en el terreno. 
 

¿Qué te llevó a trabajar con MSF?

 
Siempre he sabido sobre Médicos Sin Fronteras por las noticias en los medios y he admirado a la organización. En particular me impresiona su objetivo de proporcionar atención médica a lo largo de diversas fronteras sin consideración alguna por raza, religión o afiliación política. En 2014 ¡finalmente me llegó la hora! Mi primera misión con la organización fue en Peshawar, Pakistán; y desde entonces he estado en Afganistán, Nigeria y Yemen. 
 

Normalmente, ¿qué involucra el papel de un obstetra?

 
El obstetra internacional normalmente es responsable del funcionamiento general del lado clínico del hospital de maternidad. Se encarga también de apoyar y asesorar a los obstetras y médicos locales, especialmente en lo que refiere al manejo de casos complicados. Otro aspecto importante es la enseñanza, principalmente a pie de cama, la realización de talleres semanales y discusiones de casos, para médicos y parteras. Lo mejor de todo es la profunda satisfacción de sentir que tu presencia (o la de alguien en ese trabajo) ha marcado una diferencia, o incluso salvado, muchas vidas. En algunos lugares simplemente no hay otro hospital al que las personas puedan ir; o sólo hay clínicas privadas no reguladas y costosas.
 

¿Podrías relatar la historia de algún paciente? 

 
En los primeros días de mi misión, admitieron a una mujer a la que, en otra clínica, le habían dado oxitocina para inducir el parto. Desafortunadamente la dosis estaba muy por arriba del límite recomendado, y eso es muy peligroso. Colapsó al llegar, tenía el pulso elevado y su presión sanguínea era muy baja. Durante la cirugía de emergencia descubrimos que tenía ruptura de útero, una gran hemorragia, y que el bebé estaba muerto. Era su primer embarazo. Afortunadamente logramos reconstruir el útero y, después de varias transfusiones de sangre y cuidados intensivos postoperatorios, mejoró y le dimos el alta unos días después. 
 

¿Qué fue lo más desafiante para tí?

 
En el mundo desarrollado, gracias a los excelentes cuidados antenatales y a la gran disponibilidad de servicios obstétricos de emergencia, actualmente hemos evitado casi por completo complicaciones como la eclampsia, ruptura del útero, shock séptico y formación de fístulas, pero todas estas son situaciones cotidianas en los proyectos de Médicos Sin Fronteras. Es vergonzoso que exista tal disparidad en los servicios de salud en el mundo. Es inaceptable que una mujer deba arriesgar o dar su vida para dar a luz.
 
Diariamente, uno de los aspectos más difíciles es la frustración que se siente cuando paciente llega demasiado tarde al hospital, ya sea por la escasez de transporte, las grandes distancias o por la falta de sensibilización sobre cuándo buscar ayuda. Es angustiante presenciar muertes que pudieron haberse prevenido, especialmente si son adolescentes o mujeres que dejan huérfanos a sus hijos. 
 

Después de cinco misiones, ¿qué sigue haciendo que regreses?

 
Es emocionante saber que has salvado una vida. Te hace sentir orgulloso de ser parte de una organización admirada y respetada, y la población local está totalmente agradecida por esta atención gratuita y de calidad. Mi familia y mis amigos siguen diciéndome lo maravillosa que soy por hacer esta labor, pero yo les digo que sólo me siento afortunada de poder llevarla a cabo. Es un privilegio poder contribuir con mi tiempo y habilidades.