25.01.2018
Mukul Singhal es un cirujano ortopédico que regresó hace poco de Jordania, en donde MSF proporciona atención médica y psicológica a pacientes heridos de guerra originarios de Siria. En este texto el relata la historia de una inspiradora paciente y su familia.
 
Escuché cientos de historias, tanto hermosas como terribles, cuando atendí a pacientes heridos de guerra originarios de Siria durante mi primera misión con MSF en Jordania. Pero hay una historia que debe ser contada. Es sobre Zehra*, una niña de ocho años que me contó su historia con crayones y marcadores porque era demasiado doloroso narrarla. 
 
El primer dibujo que hizo era un sol que se volvió rojo y estaba a punto de ser engullido por la oscuridad. 
 
 
Zehra vivía en un pueblo en Homs, Siria, en una pequeña casa junto a su padre, madre y tres hermanos. Estaba rodeada por pintorescas montañas, valles verdes y un arroyo que fluía cerca del lugar. El amanecer traía vida al valle y las puestas de sol eran mágicas. Zehra y su hermana mayor, Dania, solían jugar afuera de su casa todos los días, cerca del arroyo. Pero de vez en cuando escuchaban ataques aéreos y se apresuraban a entrar a casa para resguardarse.
 
Durante un día normal en junio del año pasado, Zehra y su hermana estaban jugando cuando comenzaron los ataques aéreos. Asustada, le pidió a su hermana que entrara con ella a la casa. Cuando se negó, Zehra le dijo, “entonces muere, voy a entrar”. Al cruzar la puerta, dos bombas cayeron cerca de la casa. 
 
Zehra fue arrojada al interior de la casa debido al impacto y quedó inconsciente. Lo siguiente que recuerda es estar cubierta de sangre. Su pierna derecha estaba destrozada; su madre, con ocho meses de embarazo, estaba inconsciente al otro lado de la casa. Tuvo que gatear para salir y ver a su hermana. Intentó despertar a Dania, pero no se movía. Luchando contra un dolor extenuante, se arrastró hasta su hermano Ashraf. Él también estaba cubierto de sangre. Después fue con su padre, que seguía respirando pero tenía una herida en el pecho y en la espalda y no se podía mover. 
 
El segundo dibujo de Zehra mostraba lo que ella recuerda haber visto después de recobrar el conocimiento. Estaba en una ambulancia mientras la llevaban junto a su madre al hospital de MSF en Jordania. Desafortunadamente, ni el padre ni los hermanos de Zehra sobrevivieron el ataque aéreo. Las últimas palabras que le dijo a Dania siguen atormentándola hasta ahora.
 
 
Zehra tuvo que someterse a una amputación por debajo de la rodilla y a múltiples cirugías para remover los restos de metralla que habían perforado su cara, pecho y pierna. Le dieron su prótesis una semana antes de que terminara mi misión. Su madre dio a luz a un bebé sano que actualmente tiene dos meses de edad. 
 
Cuando Zehra está feliz su sonrisa puede iluminar todo el hospital. Puede hablar por horas y horas y jugar con total abandono. Pero también hay días en los que repentinamente se queda quieta o comienza a llorar inconsolablemente. Habla contigo como si fuera una persona madura de 20 años. Es durante esos momentos que me doy cuenta que la guerra no sólo se llevó a su familia y su hogar, también le robó su niñez.
 
Con las cirugías y asesoramiento, MSF intenta regresarle algo a Zehra y a otras personas como ella, y me siento orgulloso de haber sido parte de ello aunque sea un poco. Terminé mi misión en Irak. Fue mi primera vez atendiendo heridas de guerra, pero atender heridas complicadas resultó ser mucho más fácil que decir adiós. 
 
*Nombre cambiado.