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24.07.2018

Luis Eguiluz es el jefe de misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Nigeria. Explica los desafíos a los que se enfrentan cientos de miles de personas desplazadas que viven en enclaves aislados controlados por el ejército en el noreste del país.

"Puede que no haya llegado a los titulares de la misma manera que hace unos años, pero la situación humanitaria en el noreste de Nigeria, donde hay más de 1,7 millones de personas desplazadas*, se está deteriorando. El prolongado conflicto entre los grupos armados no estatales y las tropas militares nigerianas sigue desplazando a más personas, que están llegando a una serie de localidades controladas por el ejército con capacidad muy limitada para absorber a los recién llegados. Los perímetros de seguridad en estos enclaves siguen siendo muy restringidos y aunque las organizaciones de ayuda continúan prestando asistencia, esta ha tenido estándares bajos. Esto tiene un impacto mayor cuando hay más personas necesitadas.

Todos los sectores de la ayuda humanitaria se han visto afectados: la distribución de alimentos, la disponibilidad de agua y la capacidad de ofrecer refugio. Incluso la provisión de salud es frágil en algunos lugares. Algunas zonas de los enclaves tienen problemas con el suministro de alimentos, a pesar de que ha habido un amplio cambio de distribuciones generales a específicas. Actores que fueron clave en el suministro de agua se han retirado y, por lo general, faltan trabajadores humanitarios experimentados en los lugares más remotos.

 

No parece, sin embargo, que haya un problema de fatiga en los donantes. La financiación sigue llegando y casi un centenar de ONG nacionales e internacionales trabajan en Maiduguri, la capital del estado de Borno. El desafío para muchas de las organizaciones es ofrecer programas fuera de esa ciudad y encontrar socios para implementarlos.

También hay un problema con la percepción de la seguridad. Aunque es cierto que ocurren varios incidentes, en comparación con otras crisis importantes como Afganistán, República Centroafricana o Sudán del Sur, la tendencia actual es mucho menor. Se han creado varias bases humanitarias en enclaves que proporcionan alojamiento, internet y seguridad para facilitar el desarrollo de proyectos en lugares remotos, pero apenas están ocupados. Al mismo tiempo, un gran número de personas están atrapadas en áreas que no son accesibles para las organizaciones humanitarias y hay poca información sobre cuáles podrían ser sus necesidades.

Los problemas en el noreste de Nigeria mutan, en lugar de resolverse. El año pasado en la localidad de Pulka, cerca de la frontera con Camerún, varios cientos de personas desplazadas internamente vivían en condiciones extremadamente precarias dentro del complejo donde gestionamos un hospital. Posteriormente, se construyó un campamento de tránsito para proporcionar refugio temporal. Pero un año después, varios miles de personas siguen viviendo en tiendas de campaña comunales superpobladas y esperan largos períodos para obtener una tienda familiar. Durante la estación seca, a menudo la gente tenía que hacer cola durante todo el día para poder llenar una garrafa con agua. Es como si estuviéramos todavía en la primera fase de la emergencia cuando, en realidad, esta emergencia ha estado sucediendo durante años.

Debido a las restricciones de los perímetros de seguridad, los campos de cultivo en los enclaves pueden alimentar solo a una porción muy pequeña de la población, ya que no hay mucho espacio para cultivar. Si la gente no puede cultivar o realizar actividades ganaderas en un lugar como Borno, donde la agricultura es la principal fuente de ingresos, ¿cómo van a sobrevivir? Las personas dependen por completo del gran programa de asistencia alimentaria que sigue en vigor en la actualidad. La única forma de revertir esto es si se vuelve seguro salir de los enclaves, pero todavía ocurren incidentes. Recientemente en Gwoza, cuando el ejército estaba expandiendo el perímetro de seguridad de la ciudad, algunas personas fueron secuestradas y asesinadas.

 

Además de todo esto, es importante no olvidar que la población es muy frágil en términos de salud mental. Todos los desplazados con los que hablamos han perdido a algún pariente a causa de la violencia. Todos comparten historias de tortura, secuestro, violencia sexual... La mayoría de la gente ha experimentado directamente una situación de violencia provocada por una parte u otra. Algunas personas han vivido en medio del conflicto, otras han sufrido bombardeos...

Algunas personas ya se han visto desplazadas varias veces y se esfuerzan por adaptarse al día al día lejos de sus hogares. Muchas son de pueblos vecinos donde no hay seguridad y han sido reubicadas por esta razón en enclaves más grandes, con la carga adicional de estar lejos de su familia o de un grupo étnico en particular. Muchas mujeres están solas: sus maridos han muerto o han desaparecido; estuvieron separadas durante años de sus padres y sufrieron repetidos abusos.

Existen planes para que decenas de miles de personas que viven actualmente en Maiduguri o en campos de refugiados en Camerún, sean reubicadas en los próximos meses. Si bien las autoridades suelen alentar, en lugar de forzar, a la gente a que se traslade a localidades como Pulka o Gwoza, la realidad es que los lugares a los que llegan no están preparados para proporcionar siquiera los servicios más básicos.

En esas localidades, que reciben personas desplazadas con regularidad, nuestros equipos suelen escuchar quejas de los recién llegados y algunos incluso afirman que preferirían regresar al bosque, dadas las condiciones de vida que encuentran en los nuevos destinos. Hoy, las personas desplazadas en el estado de Borno dependen totalmente de la asistencia humanitaria; sus mecanismos de defensa están completamente rotos y su dignidad se ha visto afectada como resultado".

 

En el noreste de Nigeria, MSF proporciona atención médica primaria y secundaria en diez localidades del estado de Borno y en la capital del estado de Yobe, Damaturu. A través de equipos permanentes o durante clínicas móviles regulares, los equipos implementan programas de nutrición para niños desnutridos, brindan asistencia en salud mental, responden a brotes de enfermedades y ofrecen atención pediátrica de emergencia entre otros servicios.

 

* En los tres estados más afectados del noreste de Nigeria -Borno, Adamawa y Yobe- 1,7 millones de personas están internamente desplazadas, según OCHA.