18.10.2019
“Estas personas son trasladadas de un centro de detención a otro, viendo cómo sus condiciones van de mal en peor y están atrapadas en un ciclo interminable de desesperación y violencia”, Sacha Petiot, coordinador general de MSF en Libia.
 
Túnez, 18 de octubre de 2019.- El 14 de octubre, las autoridades libias cerraron el centro de detención de Karareem en Misrata, y transfirieron a más de un centenar de refugiados y migrantes detenidos arbitrariamente en esta instalación a otros dos en la misma región: Zliten y Souq Al Khamees. Las autoridades libias y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) están al corriente de que las condiciones de detención en estos dos centros son extremadamente malas, y así han sido informados por los equipos de MSF en varias ocasiones.
 
Hombres, mujeres, niños y niñas detenidos arbitrariamente durante meses y, en muchos casos, incluso años, con poco acceso a alimentos, agua y aire libre, estarán expuestos a las mismas condiciones inhumanas en los centros a los que han sido trasladados. Algunas de ellas han sufrido torturas y han sido víctimas de tráfico de personas durante su estancia en el país norteafricano.
 
Cerrar un centro de detención sería un paso positivo si se tradujera en libertad de circulación, protección y asistencia para los refugiados y migrantes. Pero en este caso, estas personas son trasladadas de un centro de detención a otro, viendo cómo sus condiciones van de mal en peor y están atrapadas en un ciclo interminable de desesperación y violencia. Como mínimo, deberían haber sido liberadas y atendidas en un entorno más seguro”, reclama Sacha Petiot, coordinador general de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Libia.
 
El conflicto armado que comenzó en abril alrededor de Trípoli ha hecho que la situación sea más peligrosa para los refugiados y migrantes detenidos en las áreas donde se desarrollan los combates. En este contexto terrible, la trágica muerte de unas 60 personas durante un ataque aéreo en el centro de detención de Tajoura a última hora de la noche del 2 de julio dio lugar a renovados llamamientos para el cierre de los centros de detención de Libia, incluso por parte de las propias autoridades libias.
 
En estos momentos no hay lugares seguros en Libia donde refugiados y migrantes puedan encontrar protección y asistencia. El único centro gestionado por ACNUR, la Instalación de Reunión y Salida en Trípoli, está saturado y la agencia de Naciones Unidas para los refugiados ha afirmado que no puede acoger a más personas vulnerables.
 
“Necesitamos más evacuaciones de emergencia fuera de Libia. Y es urgente desarrollar una alternativa a la detención, como establecer refugios para proporcionar protección inmediata y temporal en el propio país. Mientras esto no suceda, los refugiados y migrantes más vulnerables son condenados a una detención sin fin y expuestos a grandes amenazas y sufrimientos”, añade Petiot.
 
MSF trabaja en centros de detención libios desde 2016 donde brinda servicios de salud general y psicológica y deriva casos de urgencia a hospitales. La organización médico-humanitaria trata de aliviar así el sufrimiento de refugiados, solicitantes de asilo y migrantes detenidos arbitrariamente y exponer las inhumanas condiciones en las que son confinados.
 
MSF reitera su llamamiento en favor de su liberación y del incremento de las evacuaciones fuera de Libia. Así mismo, la organización solicita que la UE ponga fin a su apoyo a las intercepciones y devoluciones forzosas a Libia de quienes que intentan escapar por mar.
 
Además de sus proyectos en Libia, MSF también está presente en el Mediterráneo central a bordo del barco de búsqueda y rescate Ocean Viking, en colaboración con SOS Méditerranée. Estas operaciones siguen siendo vitales dado que refugiados y migrantes continúan arriesgando sus vidas en esta ruta para huir del horrible trato que padecen en Libia y que siguen faltando operaciones de salvamento efectivas y específicas.

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