16.03.2020
Nuestras condiciones de vida son vergonzosas. Nos falta comida, refugio, asistencia y vivimos con miedo”, se lamenta Issouf. Como muchos otros, él y su familia huyeron de los enfrentamientos entre las fuerzas nigerianas y los grupos armados en el norte de Níger para refugiarse en Mali, al otro lado de la frontera.
 
Tras las continuas olas de violencia en la llamada “región de tres fronteras”, donde se reúnen grupos armados no estatales de Mali, Níger y Burkina Faso, miles de personas han huido de sus pueblos en Níger. En la región de Menaka, un área muy volátil, hay 2,900 hogares de refugiados, repatriados y desplazados internos que se han establecido en aldeas junto a comunidades de acogida sobrepobladas.
 
Es en la ciudad fronteriza de Anderamboukane y sus alrededores, donde los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) han iniciado actividades de respuesta de emergencia para garantizar la atención médica y el apoyo psicológico en la zona. Sin embargo, esta asistencia es temporal y no puede satisfacer por sí sola las crecientes necesidades de las personas que viven en la región de Menaka, el pueblo de Anderamboukane y otros pueblos de los alrededores.
 
Según Mohamed Ag Bazet, coordinador del proyecto para MSF, “si bien la situación podría empeorar, debido a la violencia contra civiles en el norte de Níger que está obligando a un número creciente de personas a huir, la respuesta humanitaria es casi inexistente. Nuestros equipos médicos aquí son los únicos de servicios de salud de emergencia “.
 
A pesar de los esfuerzos de las autoridades locales, agencias de la ONU y ONG’s que llevaron a cabo varias evaluaciones, la respuesta sigue siendo inadecuada y las necesidades de emergencia persisten. En otros pueblos de la región de Menaka, los equipos de MSF también visitaron dos poblados islados, Tamalate e Insinanane, que ahora se han convertido en el hogar de cientos de familias. Los servicios de salud del lugar son muy precarios, y las necesidades de las personas son urgentes.
 
“Las personas, que ahora viven bajo refugios improvisados, trajeron muy poco con ellas; solo algo de comida que se les acabó en pocos días y algo de ganado”, dice Mohamed Ag Bazet. “La misma comunidad anfitriona lucha por sobrevivir y no puede soportar la presión de necesidades tan importantes”.
 
La inestabilidad ha persistido en la región desde 2012 y la amenaza continua está causando que las personas huyan todo el tiempo: muchos de los recién llegados son de hecho malienses de la región de Menaka que se refugiaron en Níger antes.
 
En Anderamboukane, la mayoría de los refugiados se han establecido en hogares que fueron gradualmente abandonados por sus residentes. La última ola de partidas se remonta a diciembre de 2019 cuando las fuerzas armadas malienses abandonaron la ciudad y, con ellas, las organizaciones humanitarias. Muchas estructuras administrativas en el gobierno local también evacuaron a su personal. Entre los residentes, aquellos que podían pagarlo se establecieron en Menaka y Gao, dejando casas totalmente vacías.
 
 
Sin embargo, algunos refugiados que no encontraron un hogar vacío para establecerse se han visto obligados a construir refugios con palos, lonas y telas. Durante el día, las temperaturas alcanzan los 40 grados, mientras que las noches son frías. Las tormentas de viento, muy comunes en esta época del año, se suman a las duras condiciones climáticas. En sus refugios improvisados, las familias luchan por protegerse de los elementos y asegurar cierta privacidad.
 
Algunos se han asentado cerca de un estanque para abastecerse de agua que no es potable, exponiéndolos también a los mosquitos”, asevera nuestro coordinador del proyecto. “Esto explica la gran cantidad de casos de diarrea y malaria observados durante las consultas de nuestros equipos médicos”.
 
Durante la primera semana de respuesta, nuestros equipos realizaron 832 consultas en el centro de salud comunitario de Anderamboukane. Además de los casos de malaria y diarrea, las infecciones cutáneas y respiratorias se encuentran entre las principales patologías registradas.
 
“Nuestros equipos asisten hasta dos partos al día. Durante los primeros días, las mujeres tuvieron que dar a luz en el piso porque no había camas en el centro de salud. Fue impactante”, relata Mohamed Ag Bazet, el coordinador del proyecto. “Por lo tanto, arreglamos una cama quirúrgica para que sirviera como mesa de parto. Llevamos algunas camas al hospital y compramos algunos colchones en el mercado”, explica el coordinador del proyecto.
 
Entre los miembros del equipo, Dodo Ilunga se especializa en atención en salud mental. Su función es proporcionar apoyo psicológico a pacientes que a menudo están traumatizados. “Todos se encuentran en estado de shock”, explica. “Muchos sufren de flashbacks, hipervigilancia y han desarrollado problemas para dormir. Una mujer separada de su hijo mientras huía, no pudo contener las lágrimas, aunque finalmente encontró a su hijo después de dos semanas de búsqueda, en una aldea a 50 kilómetros de Anderamboukane. Las personas tienen una gran necesidad de apoyo psicológico. A menudo son personas que han huido de la violencia varias veces y que han perdido todo, su hogar, su trabajo, su ganado. Están desesperados”.
 
En Anderamboukane, Iussouf, el jefe de la comunidad de refugiados, le dijo a nuestro equipo que había venido para evaluar las necesidades de salud: "Desea construir letrinas, ¿pero de qué sirven, si las personas no tiene nada en el estómago?”.
 
 
Además de la atención primaria de salud descentralizada, el fortalecimiento de los servicios de inmunización y salud mental de rutina en Anderamboukane, Insinanane y Talamate, la respuesta de emergencia de MSF también incluye la distribución de kits no alimentarios, de limpieza y distribución de agua, así como la identificación y referencias de protección de casos. El equipo de respuesta se dirigirá a otras aldeas en el área en los próximos días.