17.07.2018

Jamal Mrrouch regresó de Mali, donde estuvo más de un año coordinando el trabajo de MSF en las regiones de Gao y Kidal, al norte del país, y en la región central de Mopti.  Con la primera ronda de elecciones presidenciales programadas para el 29 de julio, Jamal reflexiona sobre la situación humanitaria en el país.

 

 

¿Cuáles son las necesidades primordiales en el norte y centro de Mali?

La inseguridad ha llevado a las personas a su límite.  Han pasado más de cinco años desde que estalló el conflicto en 2012, y tres años desde que el acuerdo de paz de Argel fue firmado por varios grupos armados de oposición y el gobierno de Malí. A pesar de esto, no ha habido ningún progreso y el conflicto en curso se está convirtiendo en una crisis crónica.

 

Las necesidades básicas de las personas, como la salud, protección y alimentación no siendo completamente cubiertas. Los conflictos entre comunidades están avivando las tensiones y provocando desplazamientos internos. Pero mientras la solución política continúa estancada, la comunidad internacional está dando prioridad a las operaciones militares en el norte y el centro de Malí.

 

¿La situación ha mejorado en el último año?

La situación humanitaria ha seguido deteriorándose en los últimos años debido a varios factores. Últimamente no ha llovido, y eso afecta las cosechas y el acceso a los alimentos para la población.

 

En la mayoría de las ciudades en las regiones al norte y centro del país, y especialmente en las áreas rurales, la inseguridad está trastornando los servicios básicos. La prohibición sobre el uso de motocicletas y camionetas en el centro del país dificulta el acceso a la atención médica, ya que es el único medio de transporte para llegar a las instalaciones sanitarias. Desde la entrada en vigencia de la prohibición, hemos registrado una disminución del 40% en las admisiones a un hospital que apoyamos en Douentza, en la región de Mopti, en el centro de Mali.

 

Además, como consecuencia de la inseguridad en Sahel muchas personas han sido desplazadas, lo que hace que sea difícil satisfacer incluso las necesidades humanitarias más básicas. De acuerdo con el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), más de 130,000 refugiados malienses han buscado refugio en países vecinos como Burkina Faso, Mauritania y Níger. Y dada la situación en las regiones del norte y centro, no pueden regresar a casa pronto.

 

MSF comenzó a trabajar en la región de Mopti desde hace un año, ¿por qué?

Desde 2013, varios grupos armados han ocupado gradualmente el centro del país y actualmente es una de las áreas más tensas en Mali. Es una región densamente poblada y diferentes grupos compiten por la explotación de la tierra.

 

Los enfrentamientos entre las comunidades de Fulani y Dogon, tradicionalmente conformadas por agricultores y pastores, se han vuelto aún más complejos con la crisis actual. Se acusa a una u otra comunidad de colaborar con grupos armados de oposición en el área, lo que a su vez estigmatiza a diferentes miembros de esa comunidad. Esto resulta en confrontaciones violentas, con civiles heridos o muertos.

 

Dentro de este ambiente de tensión, los servicios estatales y las organizaciones de ayuda han abandonado el área. Muchas organizaciones no pueden garantizar la protección de su personal y sus operaciones contra el crimen y la violencia, que ha aumentado mucho en el área durante el año pasado.

 

 

¿Cuáles son los retos principales para las organizaciones humanitarias en el país?

En primer lugar, la magnitud de las necesidades de las personas es increíblemente desafiante. Las necesidades más básicas no están siendo cubiertas en muchas áreas a pesar de los esfuerzos de la comunidad humanitaria. Además, el financiamiento para la ayuda humanitaria es cada vez más escaso y hay muy poca presencia de organizaciones no gubernamentales (ONG) en el norte y el centro del país, principalmente debido a la inseguridad.

 

La delincuencia contra civiles y las organizaciones humanitarias ha incrementado, y esta violencia ocasiona que muchas personas, incluidos médicos y otros trabajadores del servicio público, huyan y busquen refugio con sus familias. Desafortunadamente, los civiles son el blanco de ataques diarios a causa de su afiliación étnica o supuestos vínculos con los grupos armados. Todo esto empeora bajo un ambiente de impunidad. 

 

En 2017, MSF publicó un informe sobre la instrumentalización de la ayuda humanitaria por parte de grupos armados. ¿Cómo es la situación ahora?

La confusión entre militares y grupos de ayuda humanitaria continúa. A través de los llamados programas de impacto rápido y actividades similares destinadas a ganarse a la población, los grupos militares ofrecen servicios pseudo-humanitarios. Los vehículos que utilizan son blancos, al igual que los de las ONG. ¡Esto lleva a una confusión peligrosa que daña la imagen de la acción humanitaria!  Existe un mayor riesgo de que el personal humanitario sea el objetivo, ya que es más difícil convencer a la gente de su imparcialidad. Debido a esto, se ha vuelto extremadamente difícil llegar a aquellos que son más vulnerables.

 

 

Recientemente MSF ha completado una campaña de vacunación multiantígenos en Kidal. ¿Cuáles fueron los desafíos de esta intervención?

La campaña fue única: nos permitió vacunar a más de 10,000 niños menores de cinco años contra la difteria, el sarampión, la tos ferina, la meningitis, la neumonía, la fiebre amarilla y otras enfermedades potencialmente mortales. Algunos de estos niños viven en las áreas desérticas del norte de Malí y nunca antes habían sido vacunados.

 

A pesar de los desafíos logísticos, de seguridad y climáticos – con temperaturas cercanas a los 50 grados Celsius – los equipos de MSF construyeron un vínculo de confianza con la población local y los líderes de la comunidad. La campaña se llevó a cabo en colaboración con las autoridades locales y el Ministerio de Salud e Higiene Pública.

 

En Mali, los equipos de MSF están trabajando en la región de Kidal y en los distritos de Ansongo (región de Gao), Koutiala (región de Sikasso), en Ténenkou y en Douentza (región de Mopti), para fortalecer la prestación de atención materna y cuidados pediátricos.

 

 

 

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