María Rado, responsable de la emergencia COVID-19 en México.
13.07.2020

María Rodríguez Rado es una médica infectóloga uruguaya que desde 2004 forma parte del equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF). Ha trabajado en Kenia, Sudán del Sur y en un proyecto especial de la Unidad Médica Brasileña de Río de Janeiro enfocado en mejorar el conocimiento sobre las enfermedades olvidadas.

A fines de 2019 María trabajó como coordinadora médica en la epidemia de cólera en Camerún, su trabajo terminó a fines de enero y volvió a su natal Uruguay. Desde su hogar en Punta del Diablo en vez de dedicarse por completo a descansar, empezó a investigar sobre el nuevo virus que avanzaba de manera global. Al principio apoyando a sus conocidos médicos en Uruguay, que no tenían tiempo de ir revisando los últimos papers que salían. Entonces decidió juntar ella misma la información y compartirla con sus colegas, también de Médicos Sin Fronteras de todo el mundo.

“Yo tenía todo el tiempo en mi casa en Punta del Diablo así que me dediqué a hacer investigación todos los días, todo lo que se iba publicando alrededor del mundo lo iba juntando y lo mandaba. Un día tratamiento, otro día diagnóstico, hoy sobre cómo hacer el set-up de un hospital, también busqué información sobre cómo hacer el circuito y eso me ayudo un montón a estar un poco activa e interiorizarme. Fuimos aprendiendo de la COVID-19 en ese momento”, comenta María Rodríguez Rado.

Manos a la obra en México

 Entonces llegó el próximo destino con Médicos Sin Fronteras: responsable de la emergencia COVID-19 en México, que necesitaba apoyo externo. Se enfocó en preparar equipos no solo desde el punto de vista médico sino también logístico y de control de infecciones a nivel hospitalario.

La respuesta de Médicos Sin Fronteras en Tijuana se coordinó con la Secretaría de Salud de Baja California y la organización de la sociedad civil ‘Apoyemos Tijuana’, quienes, confiando en las operaciones médicas de Médicos Sin Fronteras, acondicionaron una cancha de baloncesto del equipo local “Los Zonkeys” con todos los requisitos necesarios para usarse como una extensión hospitalaria del Hospital General de Tijuana.

Brindamos apoyo a las instituciones sanitarias para aliviar la carga hospitalaria de la ciudad, que concentra la mayor cantidad de casos acumulados de Baja California y es una de las zonas urbanas con el mayor número de muertes por COVID-19 en todo el país. Nuestro objetivo es desahogar la enorme carga de trabajo de los trabajadores sanitarios que están respondiendo a esta pandemia y ayudar a aliviar el sufrimiento de los pacientes”, comenta María Rodríguez Rado.

Nuestro equipo estaba formado por 111 personas. Más del 60% es personal sanitario que permanecerá en Tijuana durante el tiempo que dure la emergencia, pero también hay personas trabajando en Ciudad de México y en el estado de Guerrero.

 

María Rado coordinando la operación de Tijuana, México.

 

Los desafíos de enfrentar al COVID-19

Uno de los principales desafíos de trabajar frente a la COVID-19 son los riesgos de contagio. “Es un trabajo de equipo multidisciplinario donde nos tenemos que cuidar, con que uno de nosotros se enferme todas nuestras operaciones se podrían poner hasta en stand-by”, comenta Rado. El peligro de contagio existe y hay que controlarlo pero existen otros retos, como es el de conseguir insumos, algo que al inicio de la respuesta no fue nada fácil.

Sin embargo, María Rado resalta también los momentos gratificantes. “Hacerle frente a una epidemia donde no hay un tratamiento y vacuna nos da miedo a todos pero el colaborar en disminuir la morbimortalidad de una comunidad es el beneficio más grande que un médico puede tener a nivel humano”. 

 

María Rado en la respuesta al COVID-19 en México.

 

 

Hemos adaptado nuestras operaciones preexistentes en México en respuesta a la emergencia sanitaria del COVID-19. Tratamos de mantener la atención prioritaria a las personas más vulnerables en diferentes puntos del país: tanto a la población migrante en Tenosique, Coatzacoalcos, Ciudad de México, Nuevo Laredo, Tijuana, Reynosa y Matamoros, como en comunidades afectadas por la violencia en Guerrero.