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31.01.2018

Actualización operacional, Mediterráneo Central

Septiembre – Diciembre 2017

 
Médicos Sin Fronteras (MSF) siguió proporcionando atención médica a refugiados y migrantes a lo largo de la ruta del Mediterráneo Central durante los últimos meses de 2017. El Aquarius, nuestro dedicado barco de búsqueda y rescate en el mar Mediterráneo–gestionado en colaboración con SOS Méditerranée–, rescató a 3,465 personas que viajaban en botes no aptos para el mar y las llevó a puertos seguros en Italia.
 
Al desembarcar, MSF les proporcionó primeros auxilios psicológicos después de rescates trágicos. Además, gestionamos varios proyectos de atención médica y de salud mental en Sicilia. En Libia, los equipos de MSF brindaron atención médica a refugiados y migrantes detenidos de forma arbitraria en centros de detención que normalmente están bajo el control del Ministerio de Interior. 
 

Libia: las precarias en los centros de detención obstaculizan el tratamiento médico

 
En Trípoli, un gran incremento en el número de personas detenidas durante octubre y noviembre provocó una situación de hacinamiento extremo y un dramático deterioro de las condiciones de vida dentro de los centros de detención de la capital. En algunos lugares, hasta 2,000 hombres estaban hacinados en una celda sin suficiente espacio para que pudieran recostarse en el suelo. Las condiciones de hacinamiento no sólo hicieron que fuera casi imposible que, en ocasiones, los equipos de MSF pudieran entrar a las celdas y realizar un triaje de las personas detenidas; sino que también aumentaron las tensiones y la violencia. Los integrantes de MSF fueron acosados y amenazados, y había malos tratos y violencia contra los pacientes. De septiembre a diciembre de 2017, el equipo de MSF atendió a alrededor de 76 personas por heridas relacionadas con la violencia como huesos rotos, quemaduras eléctricas y heridas de bala. 
 
Bajo estas circunstancias, el impacto del trabajo médico de MSF fue mínimo. El equipo sólo logró ayudar una pequeña parte de todos los que necesitaban tratamiento urgente y no les fue posible hacer un seguimiento de los casos médicos. Aun así, realizaron más de 6,500 consultas médicas en centros de detención entre septiembre y diciembre de 2017. La mayoría de las afecciones médicas estaban relacionadas con las condiciones de la detención; pues el hacinamiento y la provisión inadecuada de agua potable y letrinas causaron infecciones agudas del tracto respiratorio, dolor músculo esquelético y diarrea aguda. Los equipos de MSF intentaron enfocarse en las personas más vulnerables como las mujeres embarazadas, niños menores de cinco años y personas con afecciones médicas mortales o potencialmente mortales. Se gestionó un servicio de emergencia 24/7, y más de 150 pacientes fueron referidos al hospital para recibir tratamiento médico adicional.
 
 
El número de detenidos disminuyó en diciembre cuando miles de personas fueron repatriadas masivamente hacia a sus países de origen por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Las condiciones dentro de los centros de detención en Trípoli mejoraron, se presentaron menos malos tratos y violencia contra los pacientes. En los centros de detención que MSF visita, los equipos ahora pueden acceder a las celdas para proporcionar atención médica a los refugiados y migrantes que siguen detenidos de forma arbitraria. La mayoría de los problemas de salud física y mental que requieren asistencia médica siguen estando directamente relacionados con las precarias condiciones de su detención. 
 
Son pocas las organizaciones internacionales que pueden trabajar en Libia debido a la violencia e inseguridad generalizada. Aquellas que pueden hacerlo –como MSF– no tienen un acceso total y sin restricciones a todos los centros de detención en los que están siendo detenidos los refugiados y migrantes. No es posible brindar atención médica significativa en un sistema de detención arbitraria que causa daño y sufrimiento. Un abrumador número de detenidos ya han soportado alarmantes niveles de violencia y explotación el Libia y durante sus desgarradores viajes desde sus países de origen. Por esto, MSF reitera su llamado para poner fin a la detención arbitraria de refugiados, solicitantes de asilo y migrantes en Libia. 
 

El Aquarius sigue con los rescates en el mar a la vez que disminuye la cantidad de personas intentando cruzar el Mediterráneo

 
En el Mediterráneo Central, desde el año pasado ha disminuido el número de refugiados, solicitantes de asilo y migrantes rescatados en el mar que son llevados a la seguridad de Italia. El Aquarius, el dedicado barco de búsqueda y rescate gestionado por MSF en colaboración con SOS Méditerranée, rescató a 3,645 personas entre septiembre y diciembre de 2017. Esta es una cantidad menor en comparación con el mismo periodo de 2016, cuando 5,608 personas fueron llevadas a un puerto seguro en Italia. 
 
Esta disminución parece estar relacionada con el hecho de que menos botes están saliendo de Libia. Las razones detrás de esto no son claras, aunque probablemente entre los factores se encuentran el contexto y el desarrollo político de la situación en Libia. Ha habido informes en los medios que hablan sobre pagos realizados por Italia a las milicias locales para que eviten las salidas. Los barcos italianos se han desplegado en aguas territoriales libias como parte de una estrategia europea más amplia para sellar las costas de Libia y "contener" a refugiados, solicitantes de asilo y migrantes en un país donde están expuestos a una violencia y a explotación extremas y generalizadas.
 
 
 
A bordo del Aquarius, los médicos de MSF atendieron a personas con heridas que sufrieron durante su estancia en Libia y escucharon sus relatos sobre la violencia y el abuso a manos de traficantes, grupos armados y milicias. Alrededor del 12% de todas las mujeres rescatadas estaban embarazadas y fueron atendidas por la partera de MSF. 
 
Se encontraron con una alta prevalencia de infecciones de la piel graves, que requirieron tratamiento con antibióticos, y muchos pacientes sufrieron quemaduras químicas graves. Al acercarse el invierno, se presentaron múltiples casos de hipotermia entre los rescatados. Las condiciones marítimas causaron enormes olas que se estrellaban sobre la cubierta de popa del barco y empaparon a las personas que dormían allí. En noviembre, un número desconocido de personas se ahogó después de que un bote hinchable abarrotado volcara repentinamente a mitad del rescate. El equipo de Acuario lanzó todos los dispositivos de flotación y chalecos salvavidas disponibles y sacó tanta gente del mar como pudo, pero no fue posible salvar a todos. No se recuperaron cuerpos.
 

Un futuro incierto para los refugiados en medio de un contexto de rescates difíciles para el Aquarius

 
Realizar actividades de búsqueda y rescate en el Mediterráneo es cada vez más desafiante y complejo. Las personas que logran escapar de Libia están siendo rechazadas con más frecuencia en el mar con el servicio de guardacostas libio apoyado por la UE, que está activo en aguas internacionales.
 
El equipo de MSF a bordo del Aquarius ha atestiguado cómo los refugiados y migrantes que viajan en botes no aptos para el mar son interceptados por la Guardia Costera Libia en aguas internacionales, al mismo tiempo que los militares de la Unión Europea miran la escena. El 31 de octubre, el 24 de noviembre y el 8 de diciembre, se le ordenó al Aquarius que permaneciera en espera y estuvo obligado a ver cómo la Guardia Costera regresaba a Libia a cientos de personas.
 
Aunque estas intercepciones se presentan como “operaciones de rescate” y son celebradas por la Guardia Costera Libia y sus colaboradores de la UE, la realidad es que los migrantes y refugiados no están siendo regresados a un puerto seguro. Los crímenes cometidos contra refugiados y migrantes en Libia son ampliamente conocidos y han generado indignación a nivel internacional. Bajo ninguna circunstancia los migrantes y refugiados a bordo de botes en peligro en aguas internacionales deben ser retornados a Libia, deben ser llevados a un puerto seguro. 
 
En septiembre, al Aquarius le ordenaron que realizara tres rescates en aguas internacionales bajo la coordinación de la Guardia Costera de Libia. Estas instrucciones sin precedentes y altamente inusuales por parte del Centro de Coordinación y Rescate Marítimo en Roma le presentaron a MSF una decisión imposible. Afortunadamente, el Aquarius logró brindar la ayuda necesaria y llevó a todos los hombres, mujeres y niños rescatados a un puerto seguro en Italia. En esta situación, no fue posible verificar quién estaba coordinando las operaciones de rescate, pues varios actores operan a lo largo de la extensa costa libia diciendo ser parte de la Guardia Costera de Libia. La cadena de mando y los puntos de contacto en tierra y en el mar no estaban claros. Como también se han presentado numerosos incidentes violentos en los últimos meses entre la Guardia Costera Libia y las pocas organizaciones humanitarias restantes que realizan actividades de búsqueda y rescate en el Mediterráneo, la seguridad de nuestro equipo fue primordial durante estas interacciones.
 
El futuro es incierto para los refugiados y migrantes que se encuentran en la ruta del Mediterráneo Central, pero ya que Libia sigue dividida por la violencia y la inseguridad generalizadas, sin un gobierno unificado, con una plétora de grupos armados y enfrentamientos activos en varias partes del país, no parece que el fin de su sufrimiento esté a la vista.
 
MSF trabaja en Libia desde 2011, proporcionando consultas médicas y referencias a refugiados y migrantes detenidos en diversos centros de detención nominalmente bajo el control del Ministerio del Interior. MSF trabaja en centros en Trípoli, Khoms y Misrata; y en colaboración con una organización local, brinda atención a personas que sobrevivieron y lograron escapar de lugares informales de cautiverio en el área de Bani Walid. MSF también gestiona una clínica de atención primaria en Misrata y apoya las actividades de salud para mujeres y niños en Benghazi.
 

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