15.03.2019
Adama, Ousmane, Kassé y Aichata viven en la región de Mopti. Adama y Ousmane en el distrito de Douentza, en el noreste; Kassé y Aichata, en Ténenkou, en el oeste, donde algunas aldeas se quedan aisladas por las crecidas del río Níger y sus afluentes durante la estación de lluvias.
 
Estas dos áreas son las más afectadas por el actual conflicto en el centro de Mali. Para la población es difícil y peligroso desplazarse, lo que complica el acceso a la atención médica. Estas son sus historias.

Adama Diarra

 
Adama Diarra (izquierda), tiene 47 años y se dedica a vender verduras. Llegó al hospital de Douentza acompañando a su hija, Mariam Tamboura, (derecha) que dio a luz por cesárea en el hospital apoyado por MSF. 
 
“Conseguir atención médica es muy difícil. Para llegar al centro de salud más cercano a nuestro pueblo hay que pagar 2000 F (unos 3 euros) de costes de transporte, y para ir al hospital de Douentza, tenemos que pagar unos 5000 F. (7,6 euros). Es un precio muy alto; es difícil para nosotros pagarlo. Además, los vehículos solo están disponibles los días de feria, y en su defecto muchas veces el viaje se hace a lomos de burro, lo que puede llevar horas.
 
Desde que empezó la crisis, nuestros movimientos se han limitado porque tenemos miedo a los asaltos en el camino. Pueden robarte todo lo que tienes, violarte. Mucha gente ha perdido la vida en la carretera. Si te asaltan y no tienes dinero, te pegan. La crisis ha limitado totalmente nuestra libertad”. 
 
 

Ousmane Yalcoué

 
Ousmane Yalcoué, tiene 34 años y es granjero. Ousmane viajó 15 kilómetros hasta Douentza con su hijo de 5 años, Soumaila, que tenía malaria severa. Douentza es el centro de salud más cercano a su hogar.
 
“Conseguir ver a un doctor es complicado porque no hay personal sanitario en el pueblo y la estructura médica más cercana está a 15 kilómetros. Nuestro pueblo se encuentra en la cima de una colina, así que tuvimos que hacer descender a Soumaila para trasladarlo al hospital de Douentza con un carro.
 
Muchas cosas han cambiado con la crisis. La inseguridad está creciendo y tiene un impacto en nuestras actividades agrícolas y ganaderas. La gente y las propiedades ya no están seguras. Este conflicto debe terminar”.
 

Kassé Tiouté

 
Kassé Tiouté es de Mamba. El pueblo fue atacado por hombres armados en noviembre y Kassé tuvo que buscar refugio en Diafarabé, a 7 kilómetros. Lo perdió todo en el ataque y cuando su hijo de 2 años cayó enfermo con anemia, no tenía medios para conseguir atención médica. Kassé llevó al niño a la clínica móvil gratuita de MSF en Diafarabé. 
 
“Un día, hombres armados entraron en el pueblo y mataron a 11 personas. Muchos huimos de inmediato. Vinimos corriendo a Diafarabé. Estaba con mi hijo, mi suegra y mis hermanas. Durante el camino estaba muy cansada, corría llevando a mi hijo. Todos caímos enfermos. 
 
Desde que estoy aquí, mi hijo de 2 años se ha enfermado y no podía dormir por la noche. Lo he traído a la clínica de MSF está mañana y me han dicho que está desnutrido y necesita una transfusión de sangre. Debido a su estado, los médicos me han dicho que lo lleve al hospital de Ténenkou, pero no puedo pagarlo, lo perdimos todo durante el ataque.”
 
MSF trasladó a Kassé y a su hijo al hospital de Ténenkou, donde el niño recibió tratamiento médico. 
 
 

Aichata Bah

 
Aichata Bah dio a luz prematuramente a sus gemelos en su pueblo, a 25 km de Ténenkou.  Después del parto, emprendió un viaje de un día para llevar a los bebés al hospital de Ténenkou, apoyado por MSF, que brinda atención especializada a los recién nacidos.
 
“Di a luz a dos gemelos pequeños, uno de los cuales está enfermo y tiene poco peso. Decidí llevarlos al hospital de Ténenkou para recibir tratamiento. Llegamos subidos a un carro, tras un día entero de camino. Salí de casa una tarde y llegué al hospital al día siguiente por la tarde.
 
Me daba miedo venir debido a la inseguridad. A lo largo del camino hay grupos armados que atacan a los viajeros, especialmente durante la noche. Hicimos todo el viaje atenazados por el miedo y la preocupación. Además, debido al mal estado de la carretera, sufrimos un pinchazo en una de las ruedas del carro. El accidente tuvo lugar en una carretera en medio de un bosque, sin nadie alrededor. Una vez más, nuestras vidas estaban en peligro. El miedo no se disipó hasta que llegamos a la ciudad de Ténenkou esa tarde”.
 

LEER MÁS