17.04.2019
Guillaume Baret, coordinador de Proyecto de MSF en Nigeria, describe la situación en el noreste del país, incluyendo el Estado de Borno.
 

¿Se ha estabilizado la situación en el Estado de Borno?

Yo no diría que se ha estabilizado. La situación de seguridad es altamente volátil en el estado de Borno y, de hecho, se ha deteriorado en los últimos meses. A mediados de 2018, las facciones armadas conocidas como Boko Haram intensificaron sus ataques. Estos grupos armados, que operan principalmente cerca de las fronteras con Níger y Camerún, han lanzado ataques contra ciudades controladas por el ejército nigeriano. 
 
Una de ellas fue en diciembre contra Baga, un gran puerto pesquero en el lago Chad y sede de la fuerza conjunta multinacional encargada de combatir a los grupos armados, que incluye a tropas de Nigeria, Benin, Camerún, Níger y Chad.
 
 
Después de tomar el control de Baga en diciembre, un grupo armado avanzó a las afueras de Monguno. Luego, a finales de enero, Rann, que se encuentra muy cerca de la frontera con Camerún, fue atacada. Decenas de personas murieron y muchos edificios quedaron reducidos a cenizas. Tanto Rann como Baga han quedado vacías. Más recientemente, también se han lanzado ataques contra Gwosa y Pulka.
 
Las afueras de Maiduguri también han sido atacadas. Las personas desplazadas están llegando a la ciudad. En enero, alrededor de 30,000 personas huyeron de Baga y otras ciudades para refugiarse en Maiduguri. Aquellos que pudieron encontrar algún espacio se establecieron en los sobrepoblados campos y otros viven con familias anfitrionas en la comunidad. Es posible que estos recién llegados tengan dificultades para acceder a la ayuda, pero en los últimos dos años muchas organizaciones humanitarias han brindado asistencia en la capital del estado de Borno.

 

¿La ayuda humanitaria puede desplegarse a cualquier lugar donde se necesite?

 
MSF trabaja en Maiduguri y en otros lugares como Monguno, Pulka, Gwoza, Ngala, Damaturu... en general, la ayuda se despliega principalmente en ciudades aseguradas por el ejército, pero no fuera de ellas porque las carreteras no son seguras. Las ONG solo pueden brindar asistencia en áreas controladas por el ejército, es decir, ciudades a las que sólo se puede llegar por helicóptero o por carretera con una escolta del ejército. No se necesita escolta en Monguno, y eso la convierte en una excepción. De hecho, MSF estableció recientemente una intervención de emergencia en Monguno para ayudar a las personas que huyeron de Baga a principios de año.
 

¿Cuál es la situación en las ciudades controladas por el ejército?

 
Tomemos a Bama como ejemplo. Antes de caer en manos de un grupo armado en 2014, Bama era un centro comercial con 400,000 habitantes. En 2015, el ejército recuperó el control de la ciudad. Cuando MSF llegó por primera vez en 2016, era una ciudad fantasma con un campo de personas desplazadas que albergaba a cerca de 15,000 personas. Nuestro equipo informó sobre una situación catastrófica, con muchos niños que sufrían desnutrición severa. Fue entonces cuando comenzamos nuestras operaciones de emergencia.
 
 
La ciudad ha sido parcialmente reconstruida y algunas personas que se habían refugiado en Maiduguri han regresado; se estima que son alrededor de 70,000. Y todavía hay un campo donde viven casi 12,000 personas desplazadas. El año pasado, las personas llegaron de zonas boscosas que eran inaccesibles para la ayuda humanitaria. Su salud realmente no era buena. Parece que se quedaron en su pueblo hasta que ya no pudieron cultivar sus tierras debido a la inseguridad y al inicio de la brecha del hambre [el periodo entre las cosechas, cuando la comida suele escasear]. Cuando llegaron a Bama, necesitaban alimentos y atención médica. Por ello, como el hospital aún está cerrado, en agosto abrimos un hospital de 35 camas para tratar a los niños. Pero, la brecha de hambre terminó en octubre, y menos personas han estado llegando a la ciudad.
 
Las personas desplazadas que viven en Bama pueden movilizarse en un radio de cinco kilómetros fuera de la ciudad. El ejército, que tiene una base en la ciudad, está tratando de asegurar áreas circundantes para que las personas puedan cultivar la tierra y recolectar madera. Pero los puestos militares en las carreteras son atacados regularmente.
 

¿Sabemos cuáles son las necesidades de las personas que viven en las regiones donde el ejército no está presente?

 
Es necesario determinar el estado de salud de las personas que se esconden en el monte o que viven en áreas remotas para poder brindarles asistencia. Pero sin acceso a ellos, es simplemente imposible evaluar sus necesidades. No se sabe nada sobre la situación de las personas que viven en regiones donde el ejército no está presente.
 
Sin embargo, tenemos equipos móviles ubicados en el norte, en la región Diffa en Níger. Laboran con trabajadores comunitarios para proporcionar tratamiento médico en lugares tan lejanos como Kanama en el estado de Yobe, en el norte de Nigeria. Debido a que no está bajo el control del ejército nigeriano, los problemas son muy similares en esta remota región que en la frontera con Níger. El sistema de salud se ha derrumbado y nuestros equipos atienden los trastornos crónicos comunes como la malaria, la desnutrición y el sarampión, que son más graves cuando afectan a las personas desplazadas.