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13.07.2021
En un nuevo informe, Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte sobre la falta de apoyo disponible para las sobrevivientes de violencia sexual en la República Democrática del Congo (RDC). Dada la magnitud de esta violencia y su impacto, MSF pide a las autoridades congoleñas y a sus socios que actúen rápidamente para responder a las enormes necesidades médicas, legales, socioeconómicas y de protección que observamos.
 
La cifra es colosal. Sin embargo, es solo la punta del iceberg: en 2020, cerca de 11,000 sobrevivientes de violencia sexual fueron asistidas por los equipos de MSF en seis de las 26 provincias de la RDC, aproximadamente 30 personas por día.
 
Los datos recopilados por MSF en 2020 muestran un panorama preocupante del estado físico y psicológico de las pacientes tratadas por violencia sexual: infecciones, embarazos no deseados; lesiones físicas derivadas de la violencia; traumas psicológicos graves, incluso entre las menores de edad que representaron una quinta parte de las pacientes tratadas por MSF en 2020.
 
"El alcance de la violencia sexual en la RDC es reconocido y denunciado por muchos actores nacionales e internacionales", aseveró Juliette Seguin, jefa de misión de MSF en la República Democrática del Congo. “Sin embargo, esta condena no va seguida de acciones suficientes, ya sea en materia de prevención, atención o protección. Nuestros equipos en el terreno son testigos directos de que las necesidades están lejos de ser satisfechas".
 
 
 
 
El informe de MSF, publicado el 15 de julio, resalta las deficiencias en la atención a las sobrevivientes: personal médico con formación inadecuada, falta de medicamentos y suministros médicos y falta de apoyo socioeconómico y legal.
 
Si la emergencia es sobre todo médica, las consultas realizadas por el personal de MSF también revelan un impacto menos conocido de la violencia sexual; su duradero impacto económico y social en las sobrevivientes. A raíz de su agresión, muchas víctimas tienen demasiado miedo para volver a los campos o son rechazadas por sus comunidades, lo que agrava su vulnerabilidad y pobreza, y a la vez hay pocos programas de reinserción disponibles para ellas.
 
"Las necesidades inmediatas y a largo plazo son importantes, pero faltan enfoques y financiación que permitan satisfacerlas", lamenta Seguin. “El año pasado, para la República Democrática del Congo, se desembolsó menos del 6% del financiamiento internacional solicitado para responder a las necesidades de salud humanitaria y el 18% del monto solicitado para la protección de las poblaciones y los derechos humanos. Esta tendencia continúa en 2021. Más allá de la financiación, no se implementan algunos enfoques innovadores adaptados al contexto local. La falta de apoyo resultante constituye una doble condena para las sobrevivientes”.
 
Las deficiencias identificadas por MSF en el apoyo a sobrevivientes reflejan la debilidad de la respuesta a la violencia basada en género en el país: en el primer semestre de 2020, la Organización de las Naciones Unidas estimó que apenas una de cada cuatro sobrevivientes de violencia basada en género tuvo acceso a atención médica, el 5% a la asistencia psicosocial, el 15% a la asistencia legal y solo el 0,5% a la reintegración socioeconómica.
 
Por lo tanto, el informe de MSF insta a las autoridades congoleñas, a la sociedad civil y a sus socios internacionales a redoblar sus esfuerzos para garantizar una atención integral y de buena calidad a las personas sobrevivientes de violencia sexual, que incluya apoyo médico, psicológico, socioeconómico y legal.
 
 
 
 
Estos esfuerzos deben garantizar un mejor acceso a los programas urgentes y de largo plazo, estén o no los casos vinculados al conflicto y si la agresión tuvo lugar en una zona de conflicto o en una zona considerada "más estable".
 
“La narrativa de la violencia sexual como 'arma de guerra' tiende a borrar el hecho de que esta violencia también es perpetrada por hombres desarmados y en regiones más estables donde hay pocos actores presentes para brindar apoyo”, explica Juliette Seguin. "Si bien los movimientos de tropas y los combates aumentan claramente el número de agresiones sexuales, estas también son perpetradas por personas que no portan armas, y sus víctimas también necesitan atención, apoyo y protección".
 
En 2020, los equipos de MSF brindaron atención a 4,078 víctimas de violencia sexual en Kivu del Norte; 3,278 en Kasaï-Central; 1,722 en Maniema; 907 en Kivu del Sur; 768 en Ituri y 57 en Haut Katanga.