14.05.2019

En Médicos Sin Fronteras hemos iniciado un proyecto regular en la localidad nororiental de Ulang, cerca de la frontera con Etiopía, en la región del Alto Nilo de Sudán del Sur.

El objetivo, asistir a la población con dificultades para acceder a atención médica, que vive en una zona remota y desatendida, afectada por años de guerra y frecuentes brotes de violencia intercomunal.

Hemos abierto un hospital de 30 camas y puesto en marcha un sistema de derivación de pacientes en Ulang. El centro es la única instalación que brinda atención médica secundaria a las aproximadamente 100,000 personas que viven en la localidad de Ulang y en las aldeas dispersas a lo largo del río Sobat.

"Debido al conflicto muchas personas que viven en esta área, entre frentes de guerra se han visto obligadas a desplazarse a menudo y en varias ocasiones", explica Abdalla Hussein, coordinador general de MSF en Sudán del Sur. “Muchos han buscado refugio en Etiopía y permanecen allí en campos de refugiados; otros han vuelto para descubrir que no hay servicios ni medios de subsistencia".

 

En julio de 2018, lanzamos una respuesta de emergencia de corta duración, mediante clínicas móviles en Ulang y las zonas vecinas. En octubre, abrimos el nuevo hospital y en abril se constituyó como proyecto a largo plazo.

"Nuestro objetivo es proporcionar atención médica secundaria a personas muy vulnerables afectadas por brotes recurrentes de violencia, que viven en una situación extrema y con poco acceso a servicios básicos, lo que significa que a veces tienen que caminar durante horas e incluso días para recibir una muy necesitada atención médica", dice Hussein.

Entre octubre de 2018 y abril de 2019, nuestro equipo en Ulang realizó casi 3,200 consultas médicas, ayudó a 81 mujeres a dar a luz y hospitalizó a 719 personas, incluidos 287 niños en la sala de pediatría.

"Muchas madres y niños acuden al hospital –afirma Madeleine Walder, nuestra coordinadora en Ulang– y a veces recorren un largo camino para llegar a menudo en una condición crítica porque ha pasado demasiado tiempo. Además de embarazos complicados, tratamos a pacientes con malaria grave y por heridas de bala fruto de la violencia intercomunitaria. También tratamos con frecuencia casos de coinfecciones complicadas de tuberculosis y VIH en pacientes que pueden haber presentado síntomas desde hacía un año o más, pero que nunca habían sido diagnosticados o tratados".

Así, nuestros equipos trabajan con las comunidades locales para explicar las principales enfermedades que las personas deben conocer y cuándo buscar tratamiento.

Hemos puesto en marcha un sistema de derivación en el que los pacientes son transportados, principalmente en lancha motora a través del río Sobat, desde los centros de salud hasta el hospital de Ulang. Transferimos a algunas víctimas de violencia y pacientes con afecciones que requieren cirugía u otro tipo de atención especializada a la ciudad de Malakal, a unas ocho horas en lancha motora, o en avión a la capital, Yuba.

"El área del Gran Ulang presenta desafíos logísticos, para nosotros y para nuestros pacientes", explica Walder. “En la temporada anual de lluvias, que dura ocho meses, la zona se vuelve muy pantanosa y el único medio de transporte es la barca, ya que la mayoría de los aviones no pueden aterrizar. Durante la estación seca, el acceso es un poco más fácil y la población puede moverse, pero las distancias para llegar a los servicios de salud son enormes", añade.