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08.04.2021
"En nuestra familia tenemos problemas de salud y vamos a la clínica tres o cuatro veces al mes", cuenta Emmanuel Ndayishimiye, un refugiado burundés que vive en el campo para personas refugiadas de Nduta, en el noroeste de Tanzania. 
 
Desde hace cinco años, Médicos Sin Fronteras (MSF) brinda servicios médicos en el campo de refugiados de Nduta. "Los servicios que recibimos son realmente grandiosos, gracias a Dios. Desde que MSF llegó aquí, nos han ayudado mucho", dice Emmanuel. 
 
MSF comenzó a trabajar en Nduta en 2015, con una respuesta de emergencia ante el cólera que siguió a la llegada de miles de burundeses que huían de la violencia en su país. Las personas llegaban en grandes cantidades todos los días y las malas condiciones de vida significaban que el riesgo de propagación de enfermedades era alto.
 
MSF construyó rápidamente un hospital temporal para responder a las necesidades urgentes del campo. Sin embargo, a medida que llegaban más personas refugiadas, MSF amplió sus servicios médicos para reducir las muertes evitables. Gradualmente, desde MSF también ampliamos nuestros servicios sanitarios para cubrir las necesidades de las personas que viven en los pueblos cercanos. 
 
 
 
En 2017, MSF gestionaba seis puestos de salud y un hospital con capacidad de 150 camas para brindar atención médica integral a los refugiados y refugiadas, incluyendo consultas externas, servicios de salud sexual y reproductiva, vacunas, asesoramiento en salud mental y derivaciones al hospital de distrito cercano en Kibondo. Cientos de integrantes de MSF trabajaban las 24 horas del día para atender las necesidades sanitarias de las personas refugiadas y las comunidades locales; desde parteras y parteros, personal de enfermería, asesoría y médico, hasta una amplia red de educadores y educadoras sanitarias comunitarias. 
 
En la actualidad, unos 70,000 burundeses siguen viviendo en Nduta, muy por debajo del pico de más de 120,000 en 2017. Las consultas externas de MSF se han reducido drásticamente, pasando de un promedio de 34,632 consultas al mes en 2017 a 18,953 en 2020. Durante estas consultas, el personal de MSF trató casos de malaria, diarrea, infecciones del tracto respiratorio, infecciones del tracto urinario, afecciones de la piel y los tejidos blandos, enfermedades tropicales desatendidas, las enfermedades oculares y problemas ginecológicos. 
 
A medida que la población del campo se ha ido reduciendo gradualmente a lo largo de los años, y muchos refugiados regresan a Burundi, MSF ha adaptado sus servicios médicos. 
 
Después de cinco años de brindar asistencia médica general en el campo de refugiados de Nduta, MSF ha transferido recientemente estas actividades a la Cruz Roja de Tanzania. Esto permitirá a MSF centrarse en servicios de salud especializados y complejos con el objetivo de mejorar la calidad de la atención a la población burundesa refugiada y a las comunidades de acogida en Tanzania. MSF seguirá gestionando un hospital de 122 camas y facilitando las derivaciones de emergencia. 
 
"La Cruz Roja tanzana tiene una larga trayectoria en la prestación de asistencia sanitaria a la población refugiada en la región", explica Hassan Miyaki, representante de MSF en Tanzania. "Ahora estamos trabajando para garantizar un traspaso sin problemas, y nos esforzaremos por continuar nuestra colaboración para que los refugiados, refugiadas y las comunidades de acogida puedan beneficiarse de nuestros servicios de salud complementarios en el campo de refugiados de Nduta".
 
La malaria sigue siendo una de las principales enfermedades, a pesar de la enorme reducción del número de pacientes con malaria en el campo. Los equipos de MSF trataron a 11,779 pacientes con malaria cada mes en 2017, pero esta cifra se redujo a solo 1,550 en 2020. 
 
 
 
El éxito de los esfuerzos para reducir la transmisión de la malaria en el campo se debe en gran medida a las actividades integradas de control de la malaria realizadas por los equipos de MSF. Estas incluyen el diagnóstico y tratamiento médico, la identificación de áreas de alta incidencia, el uso de agentes para matar las larvas de mosquitos, distribución de mosquiteros, educación sanitaria y la vigilancia y control de mosquitos de la malaria. MSF seguirá centrándose en las actividades integradas de control de la malaria y su objetivo será extender este programa a las aldeas de los alrededores.