22.10.2020

Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) recientemente lograron reiniciar sus actividades médicas para las personas desplazadas en el distrito de Abs, Yemen. Por la COVID-19, las clínicas móviles suspendieron sus actividades, dejando a miles de familias con menos posibilidades de acceder a la atención médica básica. Paralelamente, el personal de MSF en el hospital de Abs está viendo un aumento en el número de llegadas de pacientes tras un periodo en el que el miedo a contagiarse mantuvo a muchas personas alejadas de los centros de salud. Esto retrasó el tratamiento de personas que necesitaban atención médica, especialmente los niños con desnutrición severa.

En finales de septiembre, la temperatura a las 8:30 am casi ha alcanzado los 40°C y el aire caliente y húmedo dificulta la respiración. Las familias del campo de Khudish, uno de los más poblados de la zona ─ alrededor de 10,000 personas según las cifras oficiales ─ ven que los vehículos de MSF se acercan y saben que, por primera vez en meses, una clínica móvil estará a su disposición. Empiezan a reunirse en el lugar habitual y los niños corren porque saben que en uno de los autos hay un gran portador de agua. Y lo que necesitan ahora mismo es agua fría.

"Encontrar agua limpia es uno de los principales retos en estos campos y la gente a menudo la busca en los pozos, donde no es potable", dice Tareq Farhan, responsable médico de MSF. "Vemos muchos casos de diarrea que se deben a la contaminación del agua de los pozos".

Los equipos de las clínicas móviles también tratan a numerosas personas con enfermedades de la piel derivadas de la falta de agua limpia y kits de higiene.

El distrito de Abs, en la gobernación de Hajjah, alberga a unas personas 150,000 desplazadas que tuvieron que abandonar sus hogares debido a la guerra que durante cinco años asoló su país. Muchas familias han estado viviendo en condiciones extremadamente difíciles durante años; uno de los principales desafíos que enfrentan es no tener ni siquiera la atención médica más básica. Esto se suma a los problemas recurrentes de encontrar bienes esenciales, alimentos y agua potable. Sus vidas, que antes eran duras, se han hecho aún más difíciles por la COVID-19. Además del riesgo a contagiarse, la poca ayuda humanitaria que recibían se ha vuelto menos frecuente y ha aumentado el temor a acudir a los centros de salud. Muchas personas consideran que las medidas de prevención aplicadas no las protegerán.

Desde MSF hemos estado presentes en Abs desde 2015 para responder a las necesidades de la población desplazada y apoyar a las instalaciones de salud de la zona, incluyendo al mayor hospital. Pero el inicio de la pandemia hizo muy difícil que los equipos lleguaran a los lugares donde las personas desplazadas se han asentado temporalmente.

Desde que las tres primeras clínicas móviles reanudaron sus actividades en los campamentos de Khudish, Bani Mushta y Almatayn, se han realizado casi 300 consultas, la mayoría de ellas a niños menores de cinco años y mujeres embarazadas. También se han reanudado otras actividades, como las pruebas rápidas de laboratorio para detectar el paludismo o determinar los niveles de glucosa o proteínas.

 

 

La población local sufre los efectos del conflicto y tiene problemas para acceder a los servicios de salud esenciales

"Vine para un chequeo porque estaba teniendo algunos problemas con mi embarazo", dice Fatma Ziyad, quien es de Khudish y está embarazada de su séptimo hijo. "La gente de MSF me dijo que necesito un chequeo mensual, donde también me darán vitaminas”.

Algunos pacientes con condiciones severas son referidos al hospital Abs, apoyado por MSF.

"Estamos viendo un alto número de derivaciones", dice Tareq Farhan. "Muchos tenían miedo de ir a los hospitales debido a la COVID-19 y sus enfermedades empeoraron. No podemos tratarles aquí; requieren atención hospitalaria”.

Muchos de los casos que llegan al hospital están relacionados con la desnutrición causada por otras afecciones que no fueron tratadas adecuadamente a tiempo. Esto es lo que le pasó a Al Anoud, una niña de nueve meses del distrito de Aslam, a unos 20 kilómetros de distancia. Sus abuelas están en Abs para cuidarla. Su padre tiene que cuidar de las pocas ovejas que permiten a la familia ganarse la vida y su madre está embarazada y tiene problemas para moverse.

"Al Anoud fue llevada primero a un puesto de salud local donde no recibió el tratamiento adecuado y terminó siendo transferida al hospital de Abs", explica una de las abuelas. "Está siendo tratada por desnutrición severa, septicemia y neumonía. Todavía está hospitalizada, pero después de seis días de tratamiento su condición está mejorando lentamente”.

El hospital de Abs está muy lejos de la ciudad natal de la familia.

"Tardamos tres horas en llegar al hospital y tuvimos que hacerlo con un auto privado, que es muy caro", dice la abuela. "Tomar el autobús habría significado tener que caminar a través de montañas y valles para llegar a la carretera principal y luego esperar; la condición de Al Anoud no podía esperar”.

Paulo Milanesio, coordinador de proyectos de MSF en Abs, dice que este es un caso típico. "Hemos tenido estas situaciones antes, pero la pandemia ha exacerbado la llegada tardía de los pacientes, especialmente de los niños. Llegan en condiciones empeoradas porque sus familias esperan demasiado tiempo para venir", dice.

"Durante meses, vimos disminuir nuestras tasas de asistencia y ahora muchas de las familias que temían a la COVID-19 vienen cuando las condiciones de sus parientes son muy malas. Esto hace que su tratamiento sea más complejo. lo esperamos que las personas vean que venir al hospital es seguro y que lleguen tiempo para buscar tratamiento para sus familiares”.