Inundaciones en Pakistán: “Estoy orgullosa de ayudar a mi propio pueblo con MSF”

En Baluchistán, Akeela, formó parte de los equipos de MSF que respondieron a la emergencia por inindaciones.
En Baluchistán, Akeela, asesora de MSF, revisa a un niño en busca de signos de desnutrición © MSF

Akeela Qadir es consejera de salud en Médicos Sin Fronteras (MSF) desde 2020, vivía en el pueblo de Mir Gul Hassan Manju Shori Barun Naseerabad, a unos 5 kilómetros de Dera Murad Jamali (DMJ), en Baluchistán, una de las zonas más afectadas por las lluvias monzónicas y las inundaciones extremas que dejaron un tercio de Pakistán bajo el agua. Después de perder su casa por las inundaciones, se integró a los equipos que responden a la emergencia en primera línea. En esta entrada de blog nos cuenta su experiencia.

“En junio y julio, las lluvias normales y la vida iba bien. Solía visitar a mi familia los fines de semana en mi pueblo, que está a unos cinco kilómetros de Dera Murad Jamali, donde trabajo con el equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF). Solíamos visitar a las comunidades y ayudábamos a concientizar sobre la salud materno-infantil y algunas enfermedades. En agosto las lluvias parecían más continuas que en otros años. El 17 de agosto, el agua empezó a llegar a nuestro pueblo y nos pidieron que nos fuéramos inmediatamente.

Con las prisas, mis padres y hermanos menores salieron del pueblo y, afortunadamente, teníamos la casa de nuestro tío en Dera Murad Jamali, así que se trasladaron allí, mientras que mi hermano y mi hermana se quedaron para cuidar a nuestro ganado, ya que mi familia tenía un rebaño de vacas y cabras. Llevaron el ganado hasta un terreno más alto, pero cuando vieron que el agua empezaba a inundar el pueblo, tuvieron que huir. Se refugiaron en el tejado de una casa cercana. Vieron cómo el agua subía y cómo la corriente se llevaba nuestro ganado, nuestra casa y nuestra granja. El agua llegó a alcanzar los dos o tres metros de altura. Fue muy desgarrador.

Al principio me tomé una semana de permiso para apoyar a mi familia, pero cuando vi que tantas personas necesitaban ayuda y recibí una llamada de MSF solicitando apoyo para responder a la emergencia, respondí que sí. A los dos días, estaba de servicio realizando evaluaciones en las aldeas afectadas por las inundaciones. Llegamos a pueblos lejanos y descubrimos que las familias vivían a la intemperie y sin refugio. Algunas personas  utilizaban dos camas de madera (charpai) unidas con plástico para refugiarse a un lado de la carretera porque sus casas estaban bajo el agua, y no tenían casa ni alimentos suficientes ni agua potable. Sin embargo, la lluvia continuaba, de forma intermitente.

La población afectada por las inundaciones tuvo que moverse a las orillas de las carreteras inundadas en Pakistán
Vista de un pueblo de de Dera Murad Jamali donde el agua de la inundación está estancada y las personas se han desplazado a los lados de las carreteras para resguardarse. ©MSF

 

Después de las evaluaciones, nos organizamos en equipos de emergencia, yo me fui con el equipo B. La primer aldea que visitamos fue el campo de la central eléctrica de Rabi Pull y Uch, donde instalamos una clínica móvil y suministramos agua potable. El agua procedía de la planta de tratamiento de agua por gravedad de MSF en Dera Murad Jamali, Baluchistán. Es una de las pocas plantas de tratamiento de agua disponibles en la región.

En nuestras clínicas móviles, vemos pacientes con infecciones respiratorias, casos de diarrea, malaria e infecciones de la piel. Las personas que viven beben y utilizan el agua de las inundaciones, que está contaminada, y transmite enfermedades. Nuestro personal médico se encarga de las revisiones, proporciona medicamentos y deriva a las mujeres embarazadas y a las personas que requieren atención especializada a un centro de MSF en el Hospital del distrito Dera Murad Jamali.

Durante nuestra respuesta instalamos una clínica móvil en mi pueblo, en Mir Gul Hassan Manju Shori Barun Naseerabad, que se vio afectado por las inundaciones. Mientras nos dirigíamos a mi pueblo, tuve una sensación de satisfacción. Los vecinos de mi pueblo saben que trabajo en Médicos Sin Fronteras, ya que los he visitado muchas veces durante nuestras actividades de divulgación. Formé parte del equipo de emergencia de MSF que brinda apoyo a las comunidades y entre ellas, mi comunidad. Todas las casas de mi pueblo, incluyendo la mía, siguen bajo el agua y tardarán hasta un mes en secarse por completo.

Akeela, trabajadora de MSF, responde a la emergencia por las inundaciones en su propia comunidad
Akeela, tras perder su casa, ahora responde a la emergencia en primera línea con uno de los equipos de MSF. ©MSF

 

En uno de nuestros campamentos médicos, había algunas personas en un lado, algunas familias en el otro lado del agua de la inundación, entre ellas una familia con tres niños, todos ellos con mucha fiebre. Vi cómo los padres  al ver nuestro campamento médico, cruzaban el agua de la inundación en busca de tratamiento para sus hijos e hijas. Pero muchas personas de otros pueblos más remotos siguen esperando que llegue la ayuda. Son personas que han abandonado sus casas y viven en campos. Algunos de ellos también están aislados y el acceso es difícil.

Esas personas me recuerdan por qué seguimos trabajando en nuestras clínicas móviles diarias y por qué facilitamos agua potable a las familias desplazadas”.

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