Más allá del lenguaje, interpreto las fechas de nacimiento de niñas y niños a partir de hechos pasados

MSF brinda atención a menosres con desnutrición en Marsabit, Kenia
Nyamuge Namuya (extrema derecha) sostiene en brazos a su hija Nyirban, de tres meses, enferma de neumonía, durante una ronda de consultas con un equipo médico de MSF. ©Njiiri Karago/MSF

Jeremiah Loki Tete es voluntario de salud comunitaria que trabaja con Médicos Sin Fronteras (MSF) como intérprete durante la respuesta a la desnutrición en el distrito de Illeret, en el condado de Marsabit, Kenia.  

Debido a las altas tasas de analfabetismo, la mayoría de los miembros de la comunidad de Illeret solo hablan la lengua local. Dado que muchos proveedores médicos no son locales, la barrera lingüística supone un reto en la prestación de servicios de salud. Los intérpretes desempeñan un papel muy importante a la hora de infundir seguridad y confianza en las personas de la comunidad. 

Hoy te cuenta sobre su labor diaria. 

“Me llamo Jeremiah Loki Tete, trabajo como intérprete de MSF en el centro de alimentación terapéutica para pacientes hospitalizados. Vengo de la comunidad de Daasanach. Fui voluntario de salud comunitaria en el centro de salud de Illeret durante mucho tiempo, sin sueldo, hasta que MSF me reclutó como intérprete. 

Esta es la peor sequía que he visto en mi vida. En los años anteriores morían pocos animales. Para nuestra comunidad, los Daasanach, los animales son las posesiones más importantes. Tenía más de 900 cabras, 50 reses, 10 burros y dos camellos. Todas las cincuenta reses y los dos camellos han muerto, solo me quedan 20 cabras y dos burros.   

Los animales son la fuente de ingresos y alimento de mi familia. Compramos comida vendiendo nuestro ganado, pero ahora los veo morir impotentes mientras mi familia los traslada a veces a 100 kilómetros de distancia en busca de pastizales. Como resultado, mi familia depende totalmente de mi salario. No podemos cultivar debido al clima aquí; compramos alimentos al otro lado de la frontera en Etiopía y en Ari. 

Los ríos se han secado. Obtenemos agua a 6 kilómetros de mi casa en uno de los pozos poco profundos a lo largo de los cauces de los ríos. Tardamos al menos tres horas en hacer un viaje. Una hora caminando hasta el pozo, luego al menos una hora más esperando turno, y luego de regreso. Debido a la distancia, sólo se hacen dos viajes. Los niños de familias muy pobres son los que presentan mayor desnutrición.  

Antes nos ayudábamos unos a otros dándoles cabras o ganado para que lo vendieran y compraran comida, pero ahora no podemos hacerlo, porque también hemos perdido animales. Una de mis hijas tuvo diarrea, vómitos y fiebre debido a la calidad del agua; por suerte, no tuvo que ser ingresada al hospital porque la atendimos antes de que empeorara. 

Dos niños recogen agua en el salado lago Turkana, la principal fuente de agua de Illeret, Kenia
Dos niños recogen agua en el salado lago Turkana, la principal fuente de agua de Illeret. © Njiiri Karago/MSF

 

Vivo a treinta minutos a pie de las instalaciones y empiezo a interpretar durante las rondas de las salas a las 8 am. Si hay nuevos ingresos, les explico el tipo de atención a los cuidadores, cómo utilizar los elementos no alimentarios como la ropa que se les da a los pacientes y les muestro el hospital. 

Debido a la barrera lingüística y al bajo nivel de alfabetización, ayudo a interpretar las fechas y a explicar las complicaciones entre las y los pacientes y los equipos médicos. La mayoría de los miembros de la comunidad no conocen las fechas y usan eventos clave como las estaciones de lluvia para contar fechas como el nacimiento de las niñas y niños. Mi trabajo ayuda a los pacientes a comprender el tipo de atención, hacer preguntas, sentirse escuchados y vistos. Esto se traduce en una mayor confianza en la atención brindada por MSF. 

La comunidad ahora es muy abierta y vulnerable con los problemas a los que se enfrentan, e incluso derivan pacientes al hospital. He aprendido muchos términos médicos sobre desnutrición, traducción de diagnósticos y medición de peso, entre otros. La mayoría de las personas de la comunidad normalmente no suelen ir al hospital y prefieren los métodos tradicionales de curación. Al ver una cara conocida en el hospital les tranquiliza, aceptan este tipo de atención que les es ajena. 

Mi comunidad cree en los métodos de curación tradicionales, y esto se traduce en un retraso en la búsqueda de atención sanitaria. En una ocasión, una familia trajo al hospital a un niño muy enfermo y, al ver la aguja, no quiso que lo inyectaran, amenazando con abandonar el hospital.   

Entonces les desafié y les expliqué la importancia de estos cuidados, lo que traspasó los términos médicos, pero se debió principalmente a la confianza y al hecho de que podían rastrear mi procedencia. El niño mejoró y pusieron al tanto a los equipos sobre otras familias que tenían pacientes en la comunidad. 

Debería haber mensajes de salud más consistentes, sobre la importancia de acudir pronto al médico. Le pido a mi comunidad que lleven a vacunar a sus hijos e hijas. No se debe temer a los hospitales, ayudan a salvar vidas, pero llevar a tiempo a un niño o a una persona enferma al hospital es el primer acto que salva vidas. 

Un vehículo de MSF estacionado en el centro de salud de Illeret, Kenia
Un vehículo de MSF estacionado en el centro de salud de Illeret, Kenia. ©Njiiri Karago/MSF

 

Sobre la respuesta de MSF 

Desde mediados de marzo de 2022, el equipo de Médicos Sin Fronteras apoya a las autoridades de salud del distrito de Illeret en Marsabit para responder a la crisis de desnutrición fortaleciendo el componente médico de la Gestión Integrada de la Desnutrición Aguda (IMAM por sus siglas en inglés) a través de actividades de divulgación y detección y la creación de un centro de alimentación terapéutica para pacientes hospitalizados (ITFC) en el centro de salud de Illeret. 

Para la primera semana de diciembre de 2022, el equipo de MSF había examinado a 24,182 niñas y niños de entre 6 y 59 meses, inscribiendo recientemente a 1,354 infantes identificados con desnutrición. La vigilancia comunitaria y las sensibilizaciones realizadas identificaron a 117 de los 137 niños y niñas con desnutrición admitidos en el ITFC en el Centro de Salud de Illeret, lo que muestra la grave situación de la que no se informaba en la comunidad. Tres niños fueron derivados al centro de nivel superior más cercano. 

MSF realizó 6,438 consultas médicas y apoyó al Ministerio de Salud en la vacunación de rutina de 3,041 niñas y niños menores de 5 años. 

Se examinaron a 3,219 madres embarazadas y lactantes que recibieron suplementos, y 1,467 mujeres fueron atendidas en clínicas antenatales durante las actividades de divulgación comunitaria. 

 

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