Nigeria: Morteros, plomo y oro

Lead poisoning and gold processing in Zamfara state, Nigeria, Ap

Nuestro personal suele luchar contra epidemias. Pero no todos los brotes son biológicos. Nuestro compañero Abdalla Karim nos compartió la historia de una comunidad golpeada por una crisis diferente, y del equipo de MSF que trabajó con esta población para controlarla.

Nuestro personal suele luchar contra epidemias. Pero no todos los brotes son biológicos. Nuestro compañero Abdalla Karim nos compartió la historia de una comunidad golpeada por una crisis diferente, y del equipo de MSF que trabajó con esta población para controlarla. 
 
“Esta es mi cuarta misión con Médicos Sin Fronteras (MSF), un habitual entorno desconocido marca el comienzo de un nuevo destino. Con ello, una ráfaga de anticipación emana a través de mí, sentimientos de los que me resulta casi imposible desensibilizarme. Esta vez me encuentro en Nigeria, y de muchas maneras se siente como regresar a casa: me pregunto qué tan diferente es comparado con 1970, cuando un grupo de personal médico y personas voluntarias atestiguaron las atrocidades en Biafra y decidieron hablar, contarle al mundo lo que vieron. Ese fue el origen y el lugar de nacimiento de MSF. 
 
Casi todas las nuevas misiones internacionales con MSF empiezan en la oficina de coordinación, usualmente ubicada en la ciudad capital. Me saludan sonrisas cálidas y danzantes, interés y fascinación recíprocas, seguidas de mi primera lección de los idiomas locales, Yoruba y Hausa. “Wahala” significa problema.  
 
No había imaginado comenzar de esta manera, mi corazón salta un poco, luego lo entiendo y dejo escapar un audible suspiro de alivio. “No wahala” es algo que le dices a alguien en agradecimiento por responder a una pregunta, había preguntado antes sobre la ubicación del enfriador de agua. Trago el agua y rezo por que no haya ningún wahala importante en la misión que tengo por delante. 
 
La directora de MSF en el país y su adjunta me hacen una presentación del proyecto. Me hablan de los retos, riesgos, planes, deseos, me dan una galleta con chispas de chocolate, descripciones varias, limitaciones, consejos, y me desean sinceramente que tenga buena suerte. Hablamos por más de una hora. 
 
Iré a Sokoto, en el norte de Nigeria. Me dicen que es relativamente seguro, tenemos una buena relación con el Sultán en esa región. Las palabras de consuelo me alegran, y además es bueno saber que es relativamente seguro. 
 
Esa noche no pude evitar reflexionar sobre la información que me dieron, en particular la parte sobre uno de nuestros proyectos en la región de Zamfara y su componente de envenenamiento por plomo. Quiero aprender más, así que leo: 
 
“En 2010, un programa de inmunización anual en el norte de Nigeria condujo al descubrimiento de un gran número de muertes infantiles en el área. La población pensaba que todos los niños y niñas habían contraído malaria pero Médicos Sin Fronteras (MSF) encontró niveles inusualmente altos de plomo en su sangre durante las pruebas”. 
 
A veces, MSF puede ser un lugar de extrañas paradojas. La región de Zamfara es rica en oro, lo que ha provocado innumerables desgracias y el mayor brote conocido de envenenamiento por plomo en la historia, que afectó a cerca de 3,500 niños y niñas. 
 
Para extraer oro, las rocas del rico suelo de Zamfara se trituraban y luego se molían hasta obtener un polvo fino, antes de verterlas en agua. El polvo de este proceso contiene plomo altamente tóxico, que se deposita en las superficies y contamina las fuentes de agua. 
 
Sin medidas de seguridad, cuando los mineros regresaban a casa, exhaustos y golpeados por el trabajo diario, el polvo regresaba con ellos. El polvo estaba siendo ingerido accidentalmente no sólo por los propios trabajadores, sino también por sus hijos e hijas, tanto al inhalarlo como a través de alimentos y agua contaminados. 
 
Intento imaginar cómo habría sido para los mineros trabajar duro en la tierra, creer que valía la pena, consolarse con la oportunidad de tener una mejor vida, ver a sus hijos e hijas felices. 
 
Pero muchos de sus hijos e hijas murieron. 
 
Regreso a pensar en el informe que me dieron. La directora del país explicó que, 11 años después de crearlo, MSF está planeando entregar el programa de atención a casos de intoxicación por plomo a las autoridades sanitarias locales. 
 
Pregunto por qué. Sé que desvincular nuestros programas a veces puede terminar mal para los y las pacientes; implica una pérdida de recursos y experiencia. Sin embargo, a veces tenemos que hacer esto para enfocar nuestras acciones donde puedan tener el mayor impacto.  
 
Me explica que se debe a que el bajo número de pacientes no justifica tener un programa tan especializado gestionado por MSF, y que las autoridades locales están en una buena posición para poder para poder tomar las riendas del proyecto. 
 
Hay una tensión perceptible y un silencio momentáneo. Se dio cuenta de mi inconformidad y trata de impedir el pesimismo en el aire. Alcanzando el cajón de su escritorio, nos ofrece unas galletas a la directora adjunta y a mí. 
 
Mi mente está obsesionada con el envenenamiento por plomo, y hace que los refrigerios dejen un sabor asqueroso a ácido de batería en mi boca mientras pregunto por la razón detrás de los bajos números de pacientes. Tengo curiosidad por saber qué ha cambiado.  
 
Me cuentan que desde que MSF descubrió la crisis, ha habido un enfoque integral para mitigar el impacto desastroso que la minería insegura ha tenido en la población local, especialmente en los niños y niñas. 
 
Un aspecto muy tangible de la intervención ha sido la gestión de casos, incluido el tratamiento médico, el seguimiento y el apoyo, los diagnósticos de laboratorio y el alcance comunitario. Sin embargo, las campañas de promoción y sensibilización de la salud también han sido clave. 
 
Nuestros equipos han estado trabajando con las comunidades para hacer de todo, desde evaluaciones de riesgo hasta compartir información sobre el envenenamiento por plomo, incluyendo cómo puede ser reconocido y prevenido. 
 
MSF ha trabajado con expertos en gestión ambiental para eliminar el suelo contaminado, y se ha desarrollado un programa de minería más seguro. Este programa otorga capacitación a los mineros sobre cómo prevenir la contaminación, además de traer nuevos protocolos y equipos en los sitios de procesamiento.  
 
Todo esto ha demostrado tener un impacto inmenso a largo plazo. La razón de ser de MSF es reducir las tasas de morbilidad y mortalidad; en gran medida, lo hicimos. 
 
Aún así, aprieto mis brazos al recordar la difícil situación de las madres de Zamfara. Lo odio, pero pienso en ello a propósito, escucho de nuevo las lacerantes palabras de la directora del país: 
 
“El factor más trágico en todo esto tiene que ser el de las madres que trabajaron en el campo. Solían usar sus herramientas de cocina, principalmente el mortero, para triturar las rocas hasta convertirlas en polvo. Luego cocinaban para la familia y los niños y niñas usando las mismas herramientas. Cientos de niños y niñas murieron”. 
 
No puedo dormir. Tomo una pluma y la empujo con rabia contra los espacios en blanco de las páginas dispersas en mis documentos informativos. La pluma rasga los papeles, mientras un fuego me quema por dentro. Respiro deliberadamente con la esperanza de evocar la suficiente dulzura para escribir. Escribo: es injusto". 
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