10.07.2017

"En Abs, a los equipos de Médicos Sin Fronteras nos sale el vapor por las costuras para atender las acuciantes necesidades de la población.

El enclave reúne todos los factores que resumen el estado actual de Yemen, un país hecho añicos por la guerra más de dos años después de la escalada del conflicto y con un sistema sanitario colapsado en el que muchos centros de salud no son funcionales o carecen del personal y recursos suficientes. Junto a la frontera con Arabia Saudí, en la zona se registran combates suficientemente cerca y la región da cobijo a decenas de miles de desplazados.

Familias que se han visto desplazadas en algunos casos hasta dos y tres veces; gente que arrastra el trauma de haber perdido a seres queridos, de marchar precipitadamente para intentar reconstruir sus vidas de cero tras abandonar hogares, trabajos y redes sociales por los bombardeos y enfrentamientos. Cuando hablamos con ellos, nos sorprende que a veces elijan reasentarse en sitios remotos, alejados de servicios públicos como escuelas, centros de salud o incluso pozos de agua y mercados, porque tienen muy presente el miedo. Relacionan los sitios más concurridos con lugares que pueden ser objeto de ataques y prefieren dar prioridad a la seguridad de sus familias que al acceso a servicios.

Ese miedo, esa sensación de vulnerabilidad, sigue presente aún en algunos pacientes o en el personal cuando escuchamos sobrevolar algún avión. Por segundos todo se para y todavía asistimos a escenas como madres que arrancan las vías de alimentación a sus hijos para salir corriendo de la planta de nutrición del hospital. El bombardeo que sufrió el hospital en agosto de 2016 no solo destruyó la estructura, cuya reconstrucción no fue tan complicada, sino el sentimiento de confianza de la población. Reconstruir esa confianza llevó meses.

 

Poco a poco, desde que regresamos a Abs el pasado noviembre, hemos vuelto a ser conocidos y la prueba de ello son los crecimientos mensuales superiores al 20% en términos de consultas de urgencias o el hecho de que estemos teniendo más de 250 partos al mes, más incluso que en Hajjah, la capital de la gobernación. Vemos a gente que viaja durante horas para acceder a los servicios de cirugía o que ha recorrido 70 u 80 kilómetros en coche para tratar algo de atención primaria como una malaria. 

Comprobar la relevancia del trabajo de nuestros equipos justifica los grandes esfuerzos depositados en hacer entender principios humanitarios como la neutralidad de nuestros servicios. Al regresar a Abs tuvimos que comunicarnos mucho con todas las partes del conflicto y hacerlo con mucho tiempo de antelación. Ello nos obliga a planificar los movimientos con hasta una semana de antelación, todo un desafío teniendo en cuenta que una de las facetas de MSF es responder a emergencias lo más rápido posible.

Intentamos abarcar un área de influencia de unas 185,000 personas, aunque nuestros datos son seguramente conservadores y nos resulta complicado saber qué sucede alrededor de nosotros. Abs es una ciudad pequeña en una zona rural que ha visto aumentada su población en los últimos años. Las autoridades están totalmente colapsadas y no hay apenas otras organizaciones para ofrecer servicios mínimos a un flujo tan grande de personas. Un reflejo de esta situación es la aparición de muchas epidemias o enfermedades no transmisibles que deberían estar controladas o limitadas; como es el caso de la tos ferina, que haya altos niveles de malaria o más recientemente el explosivo brote de cólera.

A todo esto se une un contexto de pobreza. Muchos pacientes nos dicen que tienen medios muy limitados para traernos a sus niños, lo cual les obliga a tomar decisiones difíciles como invertir el dinero que les queda para traer a un miembro de la familia que está enfermo o desnutrido a nuestro hospital o dedicar ese dinero a dar de comer al resto de miembros de la familia.

 

En Abs, MSF trata a heridos de guerra, pero la mayor parte de nuestros pacientes forman parte de la población civil. Somos como una burbuja en medio del conflicto que es capaz de asistir a los grupos más vulnerables: sobre todo mujeres y niños, también mucha gente anciana. Para ellos a menudo no resulta sencillo acceder al hospital, por algo tan mundano como no tener dinero para pagar la gasolina o ser incapaces de encontrar un coche. También se añaden otras cuestiones como la inseguridad por bombardeos y combates, el deterioro o destrucción de infraestructuras esenciales para la movilidad como puentes y carreteras por la guerra u otros factores como la llegada de lluvias.

Pese a todos los obstáculos, los pacientes siguen llegando. El bombardeo puso a MSF en el mapa. La gente supo que nos vimos forzados a marchar y también que volvimos después con un compromiso firme de ayudar a una población que nos necesita, nuestra obsesión desde el primer día. El abarrotamiento de todos nuestros departamentos es la metáfora de esa confianza, aunque también, por desgracia, de que apenas hay nadie más en un lugar con muchas necesidades y un futuro muy incierto."

Médicos Sin Fronteras comenzó su apoyo al hospital rural de Abs en julio de 2015. El 15 de agosto de 2016 un ataque aéreo destruyó parte del complejo y causó la muerte de 19 personas, incluido un trabajador de la organización, y causó heridas a 24. Poco después, MSF suspendió actividades en varias instalaciones del norte de Yemen.

En noviembre del año pasado, la organización reanudó su apoyo al hospital tras reconstruirlo. En el centro trabajan actualmente unos 200 trabajadores nacionales y una decena de profesionales internacionales. En el hospital rural de Abs, MSF dirige servicios de urgencia, unidades de pediatría, neonatología, una maternidad, una planta de nutrición, un servicio de clínicas móviles y lleva a cabo sesiones de ayuda psicosocial, entre otros. 

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