Un año después: Cómo las políticas de Estados Unidos están reconfigurando la salud global y la ayuda humanitaria 

  • ESTÁS AQUÍ
  • Actualidad
  • Un año después: Cómo las políticas de Estados Unidos están reconfigurando la salud global y la ayuda humanitaria 
MSF apoya en las múltiples emergencias en Somalia
Refugios improvisados hechos por los residentes del campo de Isha Elbert en Baidoa, Somalia. © Abdulkareem Yakubu/MSF
  • Las consecuencias nocivas de la iniciativa del gobierno estadounidense de reformular la asistencia en materia de política exterior apenas han comenzado a manifestarse, un año después.
  • Si bien MSF no acepta fondos del gobierno de Estados Unidos, nuestros equipos están presenciando el inmenso costo que supone la retirada de la administración estadounidense de las comunidades en crisis.

Hace un año, la administración Trump emitió una serie de acciones ejecutivas que trastocaron los programas de salud global y humanitarios en todo el mundo, así como también dañaron gravemente la cooperación y solidaridad internacional sobre estos temas. Las clínicas cerraron sus puertas. Medicamentos esenciales quedaron varados en los puertos. Los trabajadores médicos perdieron su empleo. Los costos humanos han sido catastróficos. A lo largo de 2025, Médicos Sin Fronteras (MSF) fue testigo del inmenso costo de estas acciones. Al marcar este momento y recordar a las personas afectadas, advertimos que las lastimosas consecuencias del ánimo de la administración para reconfigurar la asistencia exterior de EE. UU. apenas han comenzado a desarrollarse. 

“Mientras el mundo sigue conmocionado por estos recortes a la ayuda, ya es evidente que no fue más que la primera ofensiva de la administración Trump para reconfigurar la asistencia humanitaria y de salud global”, declaró Mihir Mankad, Director de Incidencia y Políticas de Salud Global de MSF EE. UU. “Las distintas administraciones siempre han tenido prioridades y agendas diversas en lo que respecta a la salud global, pero lo que estamos viendo ahora es un alarmante alejamiento del principio fundamental de que brindar atención humanitaria básica, luchar contra epidemias, la desnutrición y enfermedades prevenibles por vacunación, así como apoyar a las comunidades más marginadas del mundo, son causas que valen la pena”. 

Aunque MSF no acepta fondos del gobierno de Estados Unidos, en el transcurso de 2025 nuestros equipos vieron el devastador impacto de la retirada del gobierno estadounidense de las comunidades a las que servimos. 

En Somalia, las interrupciones en la ayuda provocaron que los envíos de leche terapéutica se detuvieran durante meses. El número de niños y niñas con desnutrición aguda severa ingresados en instalaciones apoyadas por MSF aumentó de 1,937 en los primeros nueve meses de 2024 a 3,355 en el mismo periodo de 2025. Solo en el Hospital Regional de Baidoa Bay, las muertes de niños y niñas con desnutrición severa aumentaron un 44% en la primera mitad de 2025, en comparación con el mismo periodo de 2024, con un 47 % de los fallecimientos ocurriendo dentro de los dos días posteriores a la llegada del niño debido a la gravedad de su condición. 

En el Hospital del Condado de Renk, en Sudán del Sur, los recortes de fondos obligaron a una organización de ayuda suspender el apoyo a 54 miembros del personal hospitalario en junio, dejando graves brechas en la atención de maternidad. El pabellón pediátrico gestionado por MSF en el hospital recibió más recién nacidos con peso críticamente bajo y otras necesidades, debido a la falta de atención médica durante el embarazo y el parto. En respuesta, MSF comenzó a apoyar el área de maternidad en septiembre de 2025. 

En la República Democrática del Congo (RDC), el desmantelamiento de USAID llevó a la cancelación de un pedido de 100,000 kits post-violación, que incluían medicamentos para prevenir el VIH y otras infecciones de transmisión sexual. Los equipos de MSF observan niveles extremadamente altos de violencia sexual en la RDC —brindamos atención a 28,000 sobrevivientes sólo en la primera mitad de 2025— y realizamos compras no planificadas de profilaxis post-exposición (PPE) para el VIH, en respuesta a los desabastecimientos en Kivu Norte. 

 

Mujeres y niños caminan hacia el hospital general de referencia de Walikale, en la provincia de Kivu del Norte, en el este de la República Democrática del Congo.
Mujeres y niños caminan hacia el hospital general de referencia de Walikale, en la provincia de Kivu del Norte, en el este de la República Democrática del Congo. © Marion Molinari/MSF[/caption]

 

Estos ejemplos —e innumerables más durante el último año— significan más que simples recortes presupuestarios; representan un cambio fundamental en cómo Estados Unidos se vincula e imagina su rol en el mundo. El pasado septiembre, la administración Trump lanzó su Estrategia de Salud Global “America First” (Estados Unidos Primero), la cual posiciona a EE. UU. en un rol dramáticamente disminuido en la acción por la salud global. La estrategia es estrecha y con debilidad visual, y orienta la política estadounidense hacia un enfoque erróneo y probablemente ineficaz para la respuesta al brote. En áreas clave donde EE. UU. ha sido durante mucho tiempo un líder global —salud sexual y reproductiva, nutrición y enfermedades no transmisibles— la estrategia guarda silencio. 

Para comenzar a implementar dicha estrategia, la administración ha estado negociando rápidamente una serie de acuerdos bilaterales con gobiernos receptores de asistencia médica estadounidense. Estos acuerdos formarán la columna vertebral de un nuevo enfoque para la salud global: uno que es abiertamente transaccional y negociado a puerta cerrada, sin la participación de la sociedad civil ni de las comunidades cuya salud y bienestar están en mayor riesgo. 

La administración afirma que este enfoque fomenta la apropiación nacional y fortalece la soberanía. Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos ha estado presionando simultáneamente a los gobiernos receptores para restringir el acceso a servicios siguiendo líneas ideológicas, particularmente para poblaciones marginadas y en el ámbito de la salud sexual y reproductiva. 

“La afirmación de que estos acuerdos promueven la apropiación nacional suena vacía cuando, al mismo tiempo, tienes a funcionarios del Departamento de Estado diciéndole abiertamente a los países que la asistencia en salud global está condicionada a su disposición para cerrar un acuerdo de minerales con Estados Unidos”, afirma Mankad. “La asistencia en salud global debe guiarse por las necesidades de salud pública, por la evidencia médica sólida, la epidemiología y no por cálculos políticos burdos, extracción económica o coerción ideológica”. 

Los recortes de 2025 fueron devastadores, pero lo que surge ahora es una reconfiguración total de por qué y cómo Estados Unidos proporciona ayuda y se relaciona con el mundo en general en cuestiones humanitarias y de salud. 

 

Compartir