16.03.2018
Después de haber huido de una violencia indescriptible en Myanmar, los refugiados rohingyas en Bangladesh ahora deben lidiar con nuevos peligros: condiciones de vida precarias, la llegada de la temporada de lluvias y el temor por su seguridad personal durante la noche. 
 

El campo de refugiados es un riesgo sanitario

 
Las condiciones de vida en el campo de refugiados son alarmantes, y ya se han presentado brotes mortales de enfermedades transmisibles como el sarampión y la difteria. Con la llegada de la temporada de lluvias, que normalmente comienza en abril, se presenta también un mayor riesgo de que haya brotes de enfermedades relacionadas con el agua como la diarrea aguda, tifoidea, hepatitis, malaria y dengue
 
Debido a la total deforestación y topografía de los campos, el riesgo de que sucedan avalanchas de lodo e inundaciones durante la próxima temporada de lluvias es bastante alto. La mayoría de las letrinas y pozos que se construyeron apresuradamente necesitan ser desmantelados o arreglados, pues las inundaciones podrían contaminar el agua potable. Los fuertes vientos y lluvias del monzón podrían inundar las grandes áreas y destruir refugios frágiles, lo que podría causar un mayor desplazamiento de decenas de miles de personas. Actualmente, parece que no hay ningún lugar para que la población Rohingya busque refugio.
 

Inseguros durante la noche

 
Tanto las mujeres como los hombres en el asentamiento han reportado que se sienten inseguros durante la noche debido a las precarias condiciones de vida, al hacinamiento y a la ausencia casi total de iluminación por la noche. Los hogares encabezados por mujeres, las mujeres solteras y los niños sin acompañante son particularmente vulnerables, y los equipos de MSF han escuchado informes de la existencia de la trata de personas. "Especialmente por la noche tengo mucho miedo. No salgo solA, ya sea para ir al baño o para tomar una ducha. No podemos cerrar la puerta e incluso mi padre no puede dormir. Siento que algo podría pasarme en cualquier momento ", dice Shamemar, de 18 años.
 
En 2017 la mayoría de las mujeres y niñas que buscaron atención médica y psicológica en las instalaciones de MSF tras haber sufrido una violación, fueron abusadas en Myanmar. Más recientemente, los equipos de MSF han visto un aumento en la cantidad de mujeres que buscan tratamiento por heridas ejercidas por parte sus parejas íntimas. 
 
Algunas de las mujeres que reciben atención por parte de MSF presentan lesiones físicas extensas que requieren atención médica y el ingreso a nuestro departamento de hospitalización. Entre algunas de las lesiones que estamos viendo se incluyen contusiones, laceraciones, quemaduras, fracturas y estrangulaciones. A estas mujeres también se les ofrecen servicios de asesoramiento de salud mental. Para garantizar una solución humana y a más largo plazo, existe una necesidad urgente de derivarlas a refugios seguros.
 
 

Embarazos como resultado de las violaciones

 
Las barreras para que las mujeres y las niñas busquen atención después de un acto de violencia sexual son inmensas; y entre éstas se encuentran el estigma, la vergüenza, el miedo a las represalias y la falta de información sobre la atención disponible. "La mayoría de las mujeres con las que hablo en la comunidad no entienden que la violencia requiere atención médica", dice Zulia, de 35 años, integrante del equipo de alcance comunitario de MSF.
 
En la clínica de MSF, hasta la fecha han sido atendidos 230 sobrevivientes de violencia sexual; pero como muchas personas nunca buscan atención médica, es probable que la cantidad de sobrevivientes sea mucho más alta. Muchos llegan demasiado tarde para recibir la profilaxis post exposición y la anticoncepción de emergencia. Las mujeres que han intentado terminar sus embarazos a menudo llegan a la clínica con hemorragias o con choque séptico.
 
Otras mujeres llegan con complicaciones por haber dado a luz sin asistencia médica y en condiciones antihigiénicas. Las mujeres que quedaron embarazadas como resultado de una violación a veces no pueden regresar a su comunidad antes o después de dar a luz. MSF está tratando de encontrar alternativas para asistir a estas mujeres y niñas, a pesar de que la capacidad existente en el campo es extremadamente limitada. Las alternativas seguras no están ampliamente disponibles en Bangladesh, y aún menos para las mujeres Rohingya.
 

Estrés cotidiano

 
Muchos refugiados están traumatizados por lo que han vivido. Esto se agrava por el estrés cotidiano de la vida en el campo, incluyendo la escasez de alimentos suficientes, la falta de oportunidades para ganarse la vida y el temor por la propia seguridad. Los refugiados llegan a las clínicas de MSF recordando eventos violentos y traumáticos, ansiedad, agitación, estrés agudo, pesadillas recurrentes o con incapacidad para dormir y, en los casos más severos, no pueden cuidar de sí mismos o de sus familias.
 
Los consejeros ayudan a las personas, individual y grupalmente, a hablar sobre sus experiencias, procesar sus sentimientos y aprender a sobrellevarlos para reducir los niveles generales de estrés. Los refugiados rohingyas se enfrentan a una incertidumbre sobre su futuro y su seguridad, no saben si mejorarán sus condiciones o si podrán regresar a sus hogares.
 

Por tierra, río y mar

 
Los refugiados rohingyas siguen cruzando la frontera desde el estado de Rhakine, en Myanmar. De acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR), tan sólo en febrero llegaron 3,236 personas a Bangladesh, elevando así el número de personas llegadas en 2018 a más de 5,000. 
 
“[En Myanmar] la situación es realmente difícil y es complicado para nosotros movilizarnos. Es imposible trabajar o incluso salir al mercado a comprar comida,” dice Subi Katum, de 70 años. Los nuevos refugiados rohingyas llegan con relatos terribles de pueblos que han sido incendiados, sobre el asesinato de sus parientes, de la continua violencia, el hostigamiento, la destrucción generalizada de pueblos y la calidad de vida. “Mi marido fue asesinado y el marido de mi hija desapareció,” dice Subi. “Muchas personas han sido asesinadas o han desaparecido. Espero que todo esto termine un día, pero no sé qué depara el futuro.”
 

MSF en Bangladesh

 
MSF trabaja en Bangladesh desde hace 25 años. Desde 2009, la organización gestiona una instalación médica cerca del asentamiento improvisado en Kutupalong, para atender a los refugiados rohingyas y a la población en general. Como parte de su respuesta a la reciente afluencia de refugiados, MSF ha escalado significativamente sus actividades al expandir sus operaciones para incluir instalaciones médicas adicionales y servicios de agua y saneamiento. MSF también trabaja en el barrio marginal de Kamrangirchar, en Daca, la capital de Bangladesh.