26.04.2018
La malaria es una de las cinco principales causas de mortalidad en el mundo, entre niños menores de cinco años. En el África Subsahariana, es la primera. Y a pesar de esto, es una enfermedad que puede evitarse y curarse fácilmente. Es también la enfermedad a la que más se enfrentan nuestros equipos médicos, que atendieron a 2.5 millones de personas con malaria en 2017.
 
La malaria puede desencadenar epidemias. La mayoría de las veces la enfermedad llega en oleadas, durante épocas muy específicas del año y en zonas en las que es endémica o, dicho de otra forma, llega estacionalmente en lo que se conoce como el "pico de malaria". En cualquier momento del año hay un pico de malaria en algún lugar del mundo. Sabemos que vendrá y dejará miles de pequeños ataúdes de niños que murieron como resultado de un caso grave de esta enfermedad. ¿Cómo podemos prepararnos para el tsunami que se avecina, en lugares donde sabemos que el sistema está mal equipado para enfrentarlo?
 
Nuestro nuevo proyecto de malaria de MSF en Kouroussa, Guinea, está preparándose para el pico de la malaria que ataca todos los años entre junio y septiembre.
 

Una historia de éxito puede ocultar un fracaso

 
De acuerdo con cifras oficiales, el año pasado la malaria solo mató a una persona entre los más de 300,000 habitantes de la provincia. "Sin embargo, la primera vez que visité el hospital en octubre de 2016 estuve allí solo dos horas, y durante ese tiempo vi morir a un niño. Por supuesto, esto hizo sonar las alarmas en mi cabeza ", dice el Dr. Ibrahim Diallo, jefe de misión de MSF en Guinea. 
 
La confirmación llegó dos meses después, tras un estudio retrospectivo de mortalidad realizado por MSF: de una muestra de 2,080 personas, habíamos registrado 62 muertes, la mitad de ellas a causa de la malaria. Con niños menores de cinco años, la fiebre causada por la malaria fue la causa de muerte en el 80% de los casos y muchos de éstos pequeños murieron en su comunidad. Ya sean oficiales o no, las muertes siguen siendo muertes, y la supervisión estadística no altera el dolor de las familias.
 
Esta diferencia entre las estadísticas y la realidad plantea el problema del control epidemiológico. Si no sabemos de qué están enfermando y muriendo los niños, ¿cómo podemos saber si se acerca una epidemia o si un virus ha aparecido en la comunidad? Ese pasó hace tres años cuando el virus del Ébola se propagó, sin que se supiera, durante semanas en una zona rural de Guinea, dando lugar a una epidemia internacional que causó más de 14,000 muertes. Y, además de estas preocupaciones de salud pública, ¿cómo podemos garantizar que más niños tengan la oportunidad de celebrar su sexto cumpleaños?
 
 

El contexto en Kouroussa, Guinea

 
No hay un conflicto en Guinea, pero sigue siendo uno de los principales países de origen de los migrantes que llegan a Europa. Para las personas de este lugar, en particular los jóvenes, no hay muchas esperanzas de mejorar sus vidas.
 
La gente logra salir adelante gracias a unos cuantos cultivos pequeños que mantienen para la familia y, sobre todo, hay oro. En las minas rudimentarias que se encuentran en toda la región, hombres y mujeres buscan en la tierra con la esperanza de ser alguno de los pocos que se enriquecen, y no uno de la inmensa mayoría que regresa con las manos y el estómago vacíos después de largos días dedicados a cavar bajo condiciones difíciles y peligrosas.
 
Aunque la mayoría de los adultos sanos pueden utilizar su fuerza y energía en las minas, los pequeños y (en ocasiones) abandonados campos familiares no proporcionan el suficiente alimento como para llegar a ser autosuficientes, lo que explica algunos de los niveles más altos de desnutrición en el país. Es aún más peligroso porque la mortal "brecha del hambre" que se presenta entre las cosechas coincide con el pico de la malaria. "Los niños con desnutrición son aún más propensos a desarrollar cepas graves de malaria y potencialmente mortales, pues los niños debilitados por esta enfermedad corren un grave riesgo de sufrir desnutrición. Es un verdadero círculo vicioso ", explica el Dr. Ibrahim Diallo.
 

En el hospital

 
Son las 8 pm, y Fatou acaba de llegar al hospital. Su bebé de cinco meses, Moussa, tiene fiebre desde hace una semana; así que compró paracetamol en el mercado, pero no ayudó. Terminó acudiendo al centro de salud cercano a su casa, desde donde la derivaron al hospital.
 
A las 9 de la mañana del día siguiente, el Dr. Ulrich de MSF está arrodillado junto a la cama de Moussa. Ha pasado los últimos 45 minutos tratando de resucitar al bebé. "No, no, te lo ruego, no te duermas", murmura mientras presiona ligeramente el cilindro de oxígeno. Pero es muy tarde. La malaria ha comenzado a atacar el cerebro de Moussa. Incluso si sobrevive, tendrá discapacidades neurológicas de por vida. Unas horas más tarde Fatou se va a casa en mototaxi, con el cuerpo de su hijo muerto presionado contra su corazón.
 
MSF no pudo evitar esta muerte innecesaria. Pero espera prevenir otras y garantizar que haya menos casos como el de Moussa en la provincia de Kouroussa, y que haya cada vez menos en el futuro.
 
A pesar de que faltan algunos meses para que llegue el pico de la malaria, con el apoyo de MSF, el departamento de pediatría del hospital está lleno. Sin embargo, cuando MSF comenzó sus actividades en julio de 2017, cuando el pico de la malaria llegó a su punto mayor, había muchas camas vacías. Esta baja cifra, más que un reflejo de la falta de necesidad, muestra la falta de esperanza que tienen los padres de que el costo del hospital valdrá la pena y proporcionar una solución para su hijo enfermo.
 
El hospital tenía un generador, pero no había dinero para ponerle gasolina. Si un paciente en cuidados intensivos necesita atención durante la noche, el personal del hospital solo tiene las luces de sus teléfonos móviles para examinarlo. Y eso solo si el personal está disponible: el hospital de la provincia, que supuestamente atiende a una población de más de 300,000 personas, solo tenía tres médicos, incluyendo al gerente del hospital y a un cirujano.
 
Durante los últimos nueve meses, MSF ha proporcionado progresivamente material de apoyo al hospital –que ahora tiene electricidad las 24 horas del día, por ejemplo– y recursos humanos: actualmente cuenta con 72 empleados locales e internacionales capaces de brindar atención y aumentar la capacidad de sus colegas de Guinea.
 
También se han implementado técnicas de gestión. "Al principio perdimos pacientes porque no había un sistema de clasificación para los ingresos al hospital; en lugar de dar prioridad a los casos más urgentes, atendíamos en orden de llegada: si eras el primero en llegar, eras el primero en ser atendido”, explica el Dr. Ulrich. En seis meses, se han introducido medidas que han permitido reducir a la mitad la tasa de mortalidad de los niños en el hospital.
 
Pero es solo el comienzo. El pico de la malaria volverá en junio. Después de meses de negociaciones, MSF recibió permiso para colocar camas en el centro de tratamiento vecino, que fue construido para admitir pacientes en caso de que hubiera otro brote de Ébola. El edificio, que era nuevo mientras que el hospital no había sido renovado por más de 30 años, había estado vacío por meses y estaba empezando a deteriorarse.
 
 

En los centros de salud

 
La ola mortal del pico de la malaria no puede contenerse simplemente mediante el tratamiento de casos graves y potencialmente mortales en el hospital. El pequeño Moussa no debería haber muerto, por ejemplo. Si le hubieran dado un diagnóstico correcto y hubiera recibido tratamiento para la malaria una semana antes, probablemente todavía estaría vivo. "El objetivo es que haya menos casos graves, así de simple. Y para eso, la atención básica debe estar disponible más cerca de quienes la necesitan tan pronto como sea posible ", explica el Dr. Ibrahim Diallo.
 
Para eso, MSF ofrece apoyo financiero y recursos humanos para el resto del sistema de salud en la región. El entorno: cinco centros de salud en la provincia, a menudo pequeños edificios con algunas habitaciones, generalmente administrados por una enfermera y varios técnicos de salud. El objetivo es hacer que la atención médica sea gratuita para niños menores de cinco años. 
 
Como resultado, el número de consultas en los centros de salud se triplicó en un mes. El estudio de mortalidad de MSF había demostrado que en el 27% de las muertes, la familia nunca acudió con un profesional sanitario, y se mencionó la falta de dinero como una de las principales razones. Casi la mitad (44 por ciento) de los que buscaron atención tuvieron que pedir dinero prestado o vender sus posesiones para darse el lujo de recibir atención médica.
 
La atención para la malaria que es subsidiada por varios donantes, principalmente por el Fondo Mundial, es oficialmente gratuita. Pero en un sistema de salud con financiación insuficiente, se crea un círculo vicioso: no hay dinero para el mantenimiento de la infraestructura, el personal recibe una mala paga, hay poca capacitación y poco apoyo; y se encuentran bajo una pesada carga de trabajo.
 
"Sin embargo, estos centros de salud deberían cumplir totalmente su papel en el sistema de salud y tener la capacidad de tratar casos simples para evitar que el hospital se vea sobrepasado. Esperamos que la capacitación, la supervisión y el apoyo diario proporcionado por nuestros equipos – además del apoyo financiero– aumenten la capacidad de la atención médica cuando llegue el pico de la malaria ", explica el Dr. Ismael Adjaho.
 

En la comunidad

 
Sekouba Souare, un trabajador de salud comunitario que fue capacitado por MSF, se encuentra en la primera línea del sistema de salud en el pueblo de Kakidi. Sekouba, como muchos otros, es un habitante del pueblo. Tiene un nivel básico de educación, y se ha beneficiado de la capacitación y la estrecha supervisión de los equipos de MSF para poder identificar las patologías más comunes entre los niños como la diarrea, fiebre causada por la malaria y la desnutrición.
 
Puede decirle a sus vecinos cómo evitar contraer la enfermedad, pero también puede proporcionar primeros auxilios básicos. Los primeros auxilios pueden ayudar a evitar catástrofes como en el caso del pequeño Moussa, que fue atendido en su casa por mucho tiempo debido a la falta de acceso a la atención médica. La malaria puede diagnosticarse mediante una prueba que es tan fácil de usar como un termómetro para la fiebre; y en su forma simple la enfermedad es igual de fácil de atender. Pero aún es necesario identificarla, y el medicamento debe estar disponible de forma gratuita para los niños que lo necesiten.
 
En su oficina, una pequeña habitación de cemento de apenas unos pocos metros cuadrados, con un techo cerrado con ramas de madera a través de las cuales los niños curiosos nos miran, Sekouba saca su diario de citas, que mantiene concienzudamente al día con un bolígrafo azul. Cuando una madre le lleva a su hijo enfermo, él le hace al pequeño una prueba rápida de malaria y le brinda algunos medicamentos básicos si es necesario.
 
También mide el brazo del niño para comprobar que no está peligrosamente desnutrido, y le da sales de rehidratación en caso de que presente una diarrea preocupante. Sobre todo, Sekouba ha sido capacitado para identificar rápidamente a los niños que están demasiado enfermos y enviarlos al centro de salud que está a unos 10 kilómetros de distancia.
 
Esto permite a las madres, cuando sus hijos comienzan a enfermarse, decidir si pueden permitirse realizar sacrificios financieros para pagar los pocos francos por la consulta médica en el centro de salud y el viaje hasta allí. Desde el centro de salud, MSF ofrece un servicio de ambulancia gratuito para garantizar que los casos graves lleguen al hospital lo más rápido posible
 

¿Y después?

 
Sin embargo, este buen resultado también sostiene la clave de su fracaso. Cuando eres una organización humanitaria y eres testigo de una situación en la que los niños se están muriendo, es muy tentador simplemente arrojar dinero al problema. Agrega cuatro o cinco pediatras expatriados, lo que sin duda significará que podemos mejorar la calidad de la atención para los pacientes. Y enfermeras. Y tampoco hay que olvidar a los técnicos de laboratorio ni al equipo técnico adicional, que sin duda también marcaría la diferencia. ¿Cuándo te detienes? 
 
El hospital, sin contar la capa de pintura que recibió hace 10 años, nunca se ha renovado en sus 40 años de existencia y se beneficiaría de alguna inversión. Pero MSF está destinada a irse tarde o temprano. Entonces, ¿qué sentido tienen las máquinas nuevas si no hay dinero para que el generador eléctrico funcione en el hospital?
 
"Nuestro objetivo aquí es simple: que menos niños mueran mientras estamos aquí, y que pase lo mismo después de que nos hayamos ido. Nos hemos dado cinco años para lograr esto ", explica el Dr. Ibrahim Diallo.
 
Nos vemos en cuatro meses, durante el pico de malaria, para medir el progreso que se ha logrado.