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23.07.2021
Después de una semana de disturbios en las provincias sudafricanas de KwaZulu-Natal y Gauteng, la población aún siente los efectos de la violencia y muchas comunidades vulnerables, en particular aquellas en asentamientos informales, reportan dificultades para acceder a alimentos y a la atención médica. A pesar del regreso a la calma, los centros de salud siguen teniendo problemas debido al aumento de la carga de trabajo.
 
Se reportó que más de 270 personas murieron en los disturbios y saqueos que también interrumpieron el acceso a servicios de salud cruciales, alimentos, combustible y otros bienes básicos. Se incendiaron y saquearon camiones, tiendas y centros comerciales, así como 90 farmacias y algunos centros médicos. La prolongada desigualdad, los elevados niveles de pobreza, una tasa de desempleo superior al 30 por ciento y las devastadoras consecuencias económicas de un año de sucesivos cierres por la COVID-19 han dejado a millones de habitantes de Sudáfrica desesperados y descontentos.
 
 
 
 
Durante la violencia, algunos hospitales y centros de salud se vieron obligados a cerrar, mientras que otros quedaron inaccesibles para el personal sanitario y sus pacientes. Muchos departamentos de urgencias de hospitales con poco personal se vieron desbordados por el aumento de pacientes con traumatismos.
 
“Médicos Sin Fronteras (MSF) lanzó una respuesta de emergencia para brindar apoyo de urgencia a las comunidades e instalaciones médicas afectadas por la violencia”, explica Philip Aruna, jefe del Equipo de Apoyo de MSF en África Meridional.
 
En Johannesburgo, los equipos de MSF evaluaron varias áreas afectadas por la violencia y proporcionaron personal de enfermería con experiencia en traumatología a las salas de urgencias de una clínica en Alexandra y un hospital en Vosloorus.
 
"Nuestro objetivo era lograr que estos centros sobrecargados de trabajo pudieran hacer frente al aumento de casos de traumatismo, mientras que parte del personal de enfermería era incapaz de llegar a los centros. Esperamos que, a medida que las instalaciones de salud vuelvan a abrir y se recupere la sensación de estabilidad, una nueva ola de pacientes acuda a los centros de salud para recibir los tratamientos que se retrasaron durante los disturbios, y para volver a surtir sus recetas para tratar enfermedades crónicas, como el VIH, la tuberculosis, la hipertensión y la diabetes”, dice Aruna.
 
En la provincia de KwaZulu-Natal, en Pietermaritzburgo, MSF proporcionó concentradores de oxígeno como préstamo a un hospital local de nuestro proyecto longevo en Eshowe para garantizar que las y los pacientes graves con COVID-19 recibieran el apoyo adecuado.
 
 
 
 
En este hospital, las prioridades eran simultáneamente una afluencia de traumatismos y la atención de casos graves de COVID-19, y ejercieron una gran carga para la capacidad de atención, que estaba desbordada. Días después de los actos de violencia, muchos pacientes seguían recibiendo tratamiento por lesiones violentas, ocupando así camas de la unidad de cuidados intensivos (UCI) que no pudieron asignarse a los casos críticos de COVID-19.
 
En Durban, los equipos de MSF también han estado brindando apoyo directamente al asentamiento informal de Briardene desde el 18 de julio. 
 
“Alrededor de 250 familias perdieron sus hogares y pertenencias en los incendios que destruyeron un asentamiento informal durante la semana de los disturbios. Las madres, los niños y niñas pequeños se vieron obligadas a dormir al aire libre y la comunidad tuvo dificultades para acceder a los alimentos. Muchas personas no pudieron llegar a conseguir la atención médica debido a la inseguridad o al cierre de algunas clínicas”, explica Adeline Oliver, enfermera del equipo de emergencias de MSF.
 
 
 
 
El equipo de MSF instaló una tienda de campaña para proporcionar refugio de emergencia en el asentamiento informal y distribuyó 600 mantas, 250 kits de higiene y otros artículos de primera necesidad. Un equipo médico ofreció consultas y atención básica.
 
“Cuatro de los primeros diez pacientes que tratamos en el asentamiento informal en Durban habían sufrido lesiones por traumatismos; tres de estas lesiones se debieron a la violencia y establecimos un puesto donde podíamos curar las heridas. A medida que continuamos trabajando en la comunidad, vimos pacientes afectados por la inhalación de humo de cuando el fuego ardía y estaban tratando de salvar sus pertenencias. También descubrimos que existen importantes necesidades de salud mental insatisfechas en la comunidad”, dice Oliver.
 
MSF seguirá ofreciendo servicios de salud independientes e imparciales en Briardene durante el resto de esta semana. Nuestra evaluación de las brechas de salud en KwaZulu-Natal está en curso.