04.06.2020

El impacto de la pandemia de COVID-19 se ha sentido en cada uno de los aproximadamente 450 proyectos de Médicos Sin Fronteras en más de 70 países. Desde que comenzó la pandemia, hemos tenido dos prioridades principales: la primera, manteneen funcionamiento los servicios médicos esenciales existentes para los cientos de miles de pacientes que confían en nosotros; y la segunda, prepararnos y responder a la propagación del virus en sí.

Al enfrentarnos a desafíos en una escala nunca antes experimentada, nuestros equipos, como los trabajadores de atención médica de primera línea en todas partes, han tenido que adaptarse rápidamente a las nuevas realidades en un mundo COVID-19.

MSF ha lanzado proyectos específicos para combatir la COVID-19 en muchos de los países afectados por la pandemia, como Italia, España, Francia, Bélgica, Brasil y Estados Unidos. Al mismo tiempo, nuestros equipos en todo el mundo continúan trabajando para mantener nuestros servicios médicos regulares, y a la vez se preparan para cuando el virus afecte las comunidades vulnerables a las que ayudamos, todo esto en un momento en que los bloqueos y las prohibiciones de viaje restringen el movimiento de médicos, personal y suministros.

"Los desafíos han sido inmensos y hemos adaptado toda nuestra forma de trabajar", explica Brice de le Vigne, jefe del grupo de trabajo contra la COVID-19 de MSF. "Como organización humanitaria mundial, nuestra capacidad de respuesta durante las emergencias normalmente se basa en la capacidad de trasladar personal especializado con experiencia y suministros médicos a todo el mundo en cualquier momento".

"Pero con las restricciones de viaje, bloqueos e interrupciones sin precedentes en la cadena del suministro global de equipos de protección individual, medicamentos y materiales médicos, nuestros equipos se han visto obligados a buscar soluciones para poder seguir atendiendo a nuestros pacientes". explica De Le Vigne.

 

 

Efectos devastadores

Mientras la atención del mundo se centra, de forma comprensible, sobre el impacto directo de la pandemia de COVID-19, es esencial ver la crisis de salud desde una perspectiva más amplia. En muchos de los lugares donde trabaja MSF, donde los sistemas de salud ya son frágiles y las personas a menudo viven en condiciones extremadamente precarias, el impacto indirecto de la pandemia podría ser catastrófico.  

"Tener la pandemia bajo control es claramente una prioridad para todos, pero nunca fue una opción para nosotros simplemente abandonar nuestros servicios médicos regulares y centrarnos únicamente en atender la COVID-19", dice Kate White, punto focal médico para el grupo de trabajo COVID-19 de MSF. "Sabemos por décadas de experiencia con otros brotes, que los efectos colaterales en el resto del sistema de salud pueden ser tan devastadores como la enfermedad en sí, si no es que más".

"Mantener los servicios de salud esenciales disponibles y accesibles es vital para evitar perder aún más vidas, ya sea por sarampión, malaria, desnutrición o embarazos complicados", dice White.

Ante la nueva pandemia de coronavirus se corre el riesgo de reducir aún más el ya limitado acceso de las personas vulnerables a la atención médica, pues los recursos, tanto humanos como financieros, se desvían de la atención médica regular a la respuesta COVID-19. Los servicios de salud pueden reducirse o cerrarse para limitar el riesgo de transmisión, las campañas de vacunación vitales pueden cancelarse, mientras que los trabajadores de atención médica de primera línea pueden enfermar o morir en lugares donde ya había muy pocos.

 

Miedo al contagio

Al mismo tiempo, las personas pueden posponer la visita a un médico por diversas afecciones médicas mortales debido a la dificultad de trasladarse durante los bloqueos o por temor a contagiarse de COVID-19 en un centro de salud. Los equipos de MSF han visto una disminución significativa en el número de pacientes que llegan a nuestras instalaciones, en algunos casos hasta en un 50 por ciento, en proyectos en lugares como Bangladesh, República Democrática del Congo (RDC), Afganistán, Nigeria, Sierra Leona y Egipto.

"El desafío para las mujeres embarazadas es que no hay taxis o vehículos de servicio público operando después del toque de queda, ni siquiera los boda boda [mototaxis] que las personas usan en asentamientos informales", dice George Wambugu, gestor de actividades médicas en Mathare, Kenia. "Esto deja a las madres expuestas ante las complicaciones obstétricas".

"Recientemente, una madre dio a luz a un bebé prematuro en nuestra ambulancia, necesitaba reanimación", dice Wambugu. "Afortunadamente, el bebé sobrevivió y ambos se recuperaron bien".

Con el fin de garantizar que las instalaciones médicas sean lugares seguros para el personal y los pacientes, y que no amplifiquen la pandemia, MSF ha implementado medidas específicas de prevención y control de infecciones por COVID-19 en todas nuestras clínicas y hospitales, y ha apoyado a las autoridades de salud en muchos países, a hacer lo mismo en sus propias instalaciones.

"En muchos lugares donde trabajamos, el hospital o clínica de MSF puede ser la única opción de la comunidad para acceder a una atención médica esencial en cientos de kilómetros", dice Kate White. "Las personas deben poder confiar que cuando vengan a nosotros, ya sea que presenten o no COVID-19, que quieran atención para su hijo con diarrea o malaria, o dar a luz a su bebé de manera segura, no correrán más riesgos de aquellos a los que se hubieran enfrentado si no hubieran venido con nosotros en primer lugar ".

 

 

Más allá de las paredes del hospital

Al mismo tiempo, los equipos de MSF han estado mirando más allá de las paredes del hospital y adaptando sus actividades médicas a las necesidades específicas de las comunidades donde trabajamos. La COVID-19 está ciertamente en la mente de casi todos, pero puede que no sea necesariamente el problema de salud de máxima prioridad en todas las comunidades.

"Un enfoque así no funcionará en esta pandemia", dice Kate White. "Tenemos que relacionarnos con las comunidades para comprender cuáles son sus preocupaciones y ajustar nuestras actividades de manera que satisfagan sus necesidades de salud más apremiantes y al mismo tiempo reduzcan los riesgos de transmisión de COVID-19".

"No tiene sentido si intentamos implementar un servicio COVID-19 perfecto, si en realidad es la temporada pico de malaria o desnutrición y esa es la principal causa de enfermedad o muerte en esa comunidad", agrega White.

 

Algunos desafíos insuperables

Desafortunadamente, en algunos casos los desafíos para continuar brindando atención son actualmente insuperables. En Siria, El Salvador, Malasia y México, los equipos han tenido que reducir o suspender temporalmente las actividades de sus clínicas móviles; en Irak, detuvimos el ingreso de nuevos pacientes al proyecto de atención para enfermedades no transmisibles; en Monrovia, Liberia, nos vimos obligados a suspender las cirugías pediátricas debido a la escasez de personal causada por las restricciones de viaje; en Pakistán suspendimos las consultas de leishmaniasis cutánea en Baluchistán y Khyber Pakhtunkhwa, y cerramos temporalmente un hospital de maternidad en Peshawar; y en Zamfara, Nigeria, cerramos temporalmente la mayoría de nuestras actividades en respuesta al envenenamiento por plomo.

Con tanta incertidumbre sobre nuestra capacidad futura para garantizar un suministro constante de personal internacional y suministros médicos, incluido el equipo de protección individual, todas las nuevas iniciativas planificadas se han suspendido. Esto incluye la apertura de una nueva instalación de maternidad y pediatría en Qanawis, Yemen, donde las mujeres y los niños continúan sufriendo el impacto de un conflicto intenso.

 

Encontrar soluciones creativas

En todo el mundo, los equipos de MSF trabajan para encontrar formas creativas de mantener el acceso a la atención médica y apoyar a los trabajadores de atención médica en la primera línea para que cuiden de sus comunidades. Ha habido algunas iniciativas notables, desde aumentar la disponibilidad de servicios de telemedicina, hasta proporcionar capacitación en línea sobre prevención y control de infecciones para trabajadores de cuidado domiciliario, hasta llevar a cabo campañas de promoción de la salud en las redes sociales.

Hemos reducido a la mitad el número recomendado de consultas prenatales para tienen las mujeres embarazadas en nuestras clínicas. En nuestros proyectos de salud materna en países como Nigeria, RDC, Sierra Leona y Bangladesh, nos aseguramos de que las mujeres aún puedan recibir la atención que necesitan al relacionarse con personas de confianza en sus comunidades, como los trabajadores de salud locales y las parteras tradicionales, para identificar cuando una mujer necesita ir al hospital debido a complicaciones.

En nuestros proyectos de VIH, tuberculosis, hepatitis C y enfermedades no transmisibles en países tan diversos como Sudáfrica, Ucrania, Pakistán y Camboya, reducimos las consultas de rutina y distribuido medicamentos esenciales a los pacientes por períodos más largos (de uno a seis meses, dependiendo de condición de salud de la persona) para que no tengan que visitar un centro de salud con tanta frecuencia. Al mismo tiempo, nos aseguramos de que los pacientes reciban seguimiento a través de consultas telefónicas, aplicaciones de mensajería y redes de acompañamiento entre pares.

Entre las personas con mayor riesgo de complicaciones con COVID-19 se encuentran las personas con enfermedad pulmonar subyacente, como la tuberculosis multirresistente (TB-MDR). En Eswatini, el equipo de MSF está reduciendo los riesgos para estos pacientes vulnerables al acercar la atención a sus hogares y al limitar los viajes innecesarios en transporte público a los centros de salud. La mayoría de los 40 pacientes de MSF con tuberculosis multirresistente ahora están usando 'terapia por observación mediante video'. MSF ha entregado teléfonos inteligentes a los pacientes para que puedan filmarse tomando sus medicamentos y enviar el video para que lo revise una enfermera.

Mientras tanto, muchos de los servicios de salud mental de MSF en El Salvador, Palestina e India, ahora ofrecen líneas telefónicas directas para pacientes existentes y nuevos, mientras que los asesores y psicólogos brindan consultas por teléfono. En Cachemira, donde el cierre de COVID-19 ha impedido que los equipos de MSF dirijan clínicas de salud mental en persona, el psicólogo clínico Ajaz Ahmad Sofi dice que la asesoría telefónica ha abierto el servicio a muchas más personas.

"Muchos de mis nuevos pacientes dicen que han estado evitando visitar a un consejero por temor a que sus familiares, vecinos o amigos los vean en la clínica", dice Sofi. "Entonces, si bien el bloqueo ha hecho la vida mucho más difícil, de alguna manera ha permitido que más personas busquen ayuda, al tiempo que nos permite continuar brindando un servicio médico muy necesario".