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20.08.2021
"El miedo constante y la sensación de estar cerca de la muerte son horribles. Nos han bombardeado con proyectiles. Una vez un proyectil alcanzó a mi hermana e hirió uno de sus ojos. Nunca olvidaré que tuve que verla sangrar. Corremos y nos escondemos cada vez que empiezan los bombardeos. Mis hijos se ocultan bajo las mantas, aterrorizados", relata Wafa Muhammad Abdullah.
 
Wafa, de 30 años, pertenece al millón de habitantes de la ciudad de Taiz que lleva más de seis años enfrentándose a un conflicto feroz y hostil. Alguna vez conocida como la capital cultural de Yemen, la ciudad de Taiz ha sido uno de los campos de batalla urbanos en la actual guerra civil del país. La ciudad ha sido testigo de los tiroteos en sus calles y de los bombardeos contra sus habitantes, lo que ha provocado muertes, heridas de guerra, traumas psicológicos y la interrupción de la vida normal.  
 
Ubicada en las tierras altas del suroeste de Yemen, cerca de la ciudad portuaria de Mocha, en el Mar Rojo, Taiz es la tercera ciudad más poblada de Yemen. Se convirtió en un hogar para la violencia a las pocas semanas del estallido del conflicto en el país en 2015. Desde entonces, apenas ha habido un día en el que los habitantes de Taiz hayan dormido tranquilamente sin bombardeos, disparos, ataques con cohetes o ataques aéreos.
 
Las marcas de balas y proyectiles en las casas y los montones de estructuras derrumbadas por los ataques aéreos ilustran la historia de destrucción por la guerra que ha entrado en su séptimo año. Tras años de intensos combates, la línea del frente de la batalla en Taiz forma una cicatriz que atraviesa la ciudad. Se extiende de este a oeste, con Al Houban, un antiguo barrio de Taiz, separado del resto de la ciudad. Cubierta de minas terrestres, la línea del frente que atraviesa el centro de la ciudad es ahora una tierra de nadie, vigilada por francotiradores. Esto ha dado a la capital cultural de Yemen un nuevo nombre: la ciudad de los francotiradores.
 
 
 
 
Hesham, un residente de la ciudad de Taiz, recuerda el incidente en el que fue víctima del disparo de un francotirador. "Estaba frente al Hospital Sueco de Yemen acompañando a mi hija, que sufría de epilepsia. La dejé con su madre para ir a pedir dinero prestado a los vecinos. Al salir, me sorprendió un disparo de francotirador que me alcanzó el hombro izquierdo. Mi cuerpo estaba cubierto de sangre y traté de detener la hemorragia con la mano. En ese mismo momento, pisé una mina terrestre que explotó al instante. Perdí la pierna por la explosión. No hay ningún soporte, ni siquiera un miembro artificial, con el que pueda moverme o caminar. No hay nada".
 
El centro de la ciudad está aislado del resto del país. La ciudad de Taiz se encuentra bajo la administración del gobierno de Yemen, reconocido internacionalmente, mientras que el lado norte de la ciudad está en la parte de la gobernación controlada por Ansar Allah. 
 
Un viaje de la ciudad de Taiz a Al-Houban, que antes del conflicto llevaba 10 minutos, ahora tarda entre cinco y seis horas para evitar la línea del frente. Las personas recorren kilómetros a través de las montañas antes de volver en la misma dirección por la que vinieron, sólo para llegar a una zona que pueden ver desde su azotea en un día despejado. Esto ha restringido en gran medida los movimientos de las personas, haciendo que los desplazamientos entre los dos barrios sean caros, largos y agotadores.
 
Al igual que en cualquier otra parte de Yemen, el conflicto en Taiz ha supuesto importantes retos económicos para la población. La población ha visto cómo los precios de los alimentos y otros productos de primera necesidad se han disparado, a veces hasta 500 veces, desde que comenzaron los enfrentamientos. El poder adquisitivo de la población también se ha reducido. Las y los empleados del gobierno, especialmente el personal sanitario de los hospitales públicos, rara vez reciben un sueldo, lo que ha provocado el cierre de varias instalaciones médicas.
 
"Trabajo como enfermera pediátrica en el hospital Al-Thura de Taiz. No recibo mi salario con regularidad, así que tengo un segundo trabajo por la noche en un hospital privado. Los precios de los alimentos y de todo lo demás son tan altos que mis dos sueldos no son suficientes para tener una buena vida", explica Ahmad, cuyo pueblo está a solo ocho kilómetros de la ciudad de Taiz, pero viaja cuatro horas para evitar la línea del frente. "La situación era buena antes de la guerra. Era fácil viajar en cualquier momento sin miedo y a un precio asequible. Ahora las carreteras principales están cerradas".
 
El sistema sanitario no ha podido escapar de las consecuencias de la guerra. Más de la mitad de las instalaciones sanitarias públicas de Yemen no funcionan total o parcialmente. Algunas de los que están abiertas están a punto de cerrar, por falta de medicamentos, personal y fondos. Mientras tanto, el sistema de salud privado no es asequible para quienes ya luchan para comprar alimentos. 
 
 
 
 
Hanan Rasheed Abdu Ali, de 40 años, ingresó en la sala postoperatoria tras dar a luz a su tercer hijo por cesárea en el departamento de maternidad del hospital Al-Jamhouri, apoyado por Médicos Sin Fronteras (MSF) en la ciudad de Taiz. Sus dos partos anteriores también fueron por cesárea, por lo que desde el primer día de embarazo supo que otra cirugía era inevitable.
 
Hanan vive con su marido en Adén, a siete horas de viaje de la ciudad de Taiz. Sin embargo, Hanan viajó desde Adén hasta la ciudad de Taiz para dar a luz en el centro apoyado por MSF. No tenía otra opción, ya que su marido no podía permitirse el alto costo de la cesárea en un hospital público o privado. 
 
"Nos enteramos de que MSF ayuda a las personas y les brinda sus servicios de forma gratuita. Así que vine a la ciudad de Taiz para dar a luz", dijo Hanan. "La guerra destruyó las casas, las escuelas y los hospitales se derrumbaron. No había electricidad; los precios de los alimentos aumentaron y no había salarios. Los que no murieron por la guerra murieron de hambre". 
 
"Los hospitales estaban cerrados y a las personas les resultó difícil comprar medicamentos. La mayoría moría porque no podía conseguir medicamentos. No se puede ir a los hospitales privados porque sus precios son elevados. Algunas madres murieron por falta de tratamiento".
 
La población de Taiz depende en gran medida del apoyo que brindan los actores humanitarios. MSF apoya los servicios de salud desde principios de 2016, unos meses después de que estallara el conflicto en 2015. 
 
En 2020, tras una evaluación profunda de varias instalaciones médicas y a través de conversaciones con pacientes, grupos comunitarios e interlocutores clave, MSF identificó que los servicios de salud reproductiva de nivel secundario, gratuitos y especializados, eran una de las principales necesidades de la población de la ciudad de Taiz. La unidad de maternidad del hospital de Al-Jamhouri, que ahora cuenta con el apoyo de MSF, atiende unos 350 partos al mes, y los equipos admiten a 50 recién nacidos en la unidad de cuidados especiales para bebés. En promedio, más de 1,500 mujeres acuden a los servicios prenatales o postnatales del hospital en un mes.
 
"MSF mantiene su compromiso de atender las necesidades urgentes de atención médica de la población de Taiz. Trabajamos en ambos lados de la línea del frente, proporcionando atención materna y neonatal gratuita y de calidad, que es una de las mayores necesidades de la zona", afirma Emilio, coordinador de proyectos de MSF.
 
"Recibimos pacientes de áreas remotas. Las mujeres realizan difíciles viajes de varias horas para llegar a la ciudad de Taiz en busca de nuestros servicios porque no los tienen cerca de sus casas. Teniendo en cuenta las restricciones de viaje y las rutas difíciles, muchas no pueden llegar a Taiz ni a ningún otro lugar". 
 
Con una línea del frente en su centro, la ciudad de Taiz es insegura y el acceso desde el resto del país es difícil. Esto también dificulta que los actores humanitarios brinden apoyo, pero es un lugar que no debe olvidarse.
 
"Hay una necesidad urgente de reforzar el sistema sanitario en la densamente poblada gobernación de Taiz. Instamos a los actores humanitarios a que apoyen los centros de salud médica primaria para garantizar la atención básica a las mujeres cerca de sus casas".
 
Teniendo en cuenta la gran densidad de población de Taiz, el conflicto ha provocado daños catastróficos en la ciudad. Al ser una gran ciudad, es también un centro económico, educativo y sanitario para la región. Por lo tanto, su asedio ha tenido un impacto negativo no sólo en la ciudad y la gobernación, sino también en las zonas circundantes. 
 
El daño tangible a la ciudad es enorme, y sin la esperanza de un mejor mañana, el prolongado conflicto también está gestando una catástrofe de salud mental para la población en general. 
 
"Deseo que mis hijos tengan una vida mejor. Rezo para que los días sean buenos, pero no creo que la vida del pueblo yemení mejore. No tengo ninguna esperanza", dijo una madre.